El PSOE dice “no” a Rajoy, siete meses después

22. mayo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La democracia es siempre un inconveniente para quienes gobiernan “en nombre del pueblo” y no “al servicio del pueblo”. Cuando alguien gestiona un colectivo en nombre de las personas que lo componen, tiende a pensar que su propia opinión es también la opinión del colectivo.

Sin embargo, cuando alguien actúa al servicio de las personas que lo han designado para ejercer un cargo representativo, su primera labor consiste en trasladar información de arriba a abajo, para posteriormente elevar opinión mayoritaria de abajo a arriba.

Esto, evidentemente, no ocurre en el ámbito institucional, donde la ciudadanía sólo puede elegir el nombre de los gobernantes, pero no las políticas que éstos van a desarrollar desde el poder político. El caso de Grecia es paradigmático.

Sin embargo, ciertos rudimentos democráticos se van instalando poco a poco en las costumbres internas de algunos partidos políticos. Ayer pudo comprobarse, por ejemplo, que la militancia del PSOE ganó una importante batalla contra el aparato de su partido.

La vieja guardia de los Felipe González, Alfonso Guerra, José Bono, ZP-no-os-fallaré o Pérez Rubalcaba, caía ampliamente derrotada ante el empuje de unas bases que, por primera vez en siete meses, tenía la ocasión de expresar su negativa a que el PSOE facilitara la investidura de Rajoy.

A la vista del resultado de las primarias, el Partido Socialista se hubiera ahorrado siete meses de conflictos, traiciones y puñaladas si los jefes del aparato se hubieran dignado consultar a la militancia una decisión tan importante como el sentido del voto del PSOE en la investidura de Rajoy.

Pero no lo hicieron. Prefirieron meter al partido en un agujero negro que acaba de alterar el continuo espacio-tiempo, colocando a Sánchez en la posición que tenía antes del 1 de octubre, mediante grandes cantidades de energía surgidas de la transformación de la soberbia del aparato en su más absoluta deslegitimación.

La vieja guardia del PSOE ya no tiene la fuerza necesaria para hacer que sea elegido su candidato o candidata a la Secretaría General, por mucha presión que sean capaces de ejercer sobre cada uno de los militantes.

Y es que, lo que ayer ocurrió en el PSOE fue, fundamentalmente, un acto de democracia. El tiempo dirá si Pedro Sánchez es o no capaz de mantener sus promesas de renovación, una vez que él mismo retome el puesto de jefe del aparato.

 

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