El sadismo de Juan Rosell

12. mayo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El sadismo es la actitud de quien obtiene placer provocando sufrimiento en los demás. Una definición que encaja perfectamente en las declaraciones realizadas ayer por el jefe de la patronal española. Según Juan Rosell, es “absolutamente necesario” que tanto España como la UE lleven a cabo “reformas de las que duelen”.

Ahí está el primero de los dos elementos del sadismo: causar dolor a otros; porque el dolor que exige el presidente de la CEOE recae sólo sobre la clase trabajadora de este país. El hecho de que Rosell sea licenciado en Ingeniería Industrial descarta por completo que estemos ante un tonto de baba, por lo que se le presume la capacidad intelectual necesaria para comprender la montaña de estudios sociológicos y estadísticos que constatan los efectos que producen en la sociedad las políticas propuestas por Rosell.

El último de ellos se conocía la semana pasada. Un informe de 247 páginas elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) demostraba que la crisis neoliberal de 2008 y las posteriores medidas neoliberales puestas en marcha para “solucionarla” han incrementado la desigualdad social en España, hasta el punto de que la clase media se ha reducido en más de tres millones de personas entre 2004 y 2013.

Junto al empobrecimiento general del país (ya que la renta disponible por las familias ha pasado de casi 28.000 euros anuales en 2007, a poco más de 22.000 en 2013), nos encontramos con que el porcentaje de personas que vivía en hogares con rentas bajas ha pasado del 31,2% en 2004, al 38,5% en 2013. Paralelamente, el número de personas que habitaban en hogares con rentas altas apenas ha variado durante este periodo, pasando del 9,9% de 2004, al 9,2% de 2013.

Un dato que se complementa con el último “Informe anual sobre la riqueza en el mundo”, elaborado por la consultora Capgemini y por el Royal Bank of Canada. Según este documento, el número de ricos en España (considerando como tales a quienes poseen más de un millón de dólares en activos de inversión) ha crecido un 40% entre 2008 y 2014, pasando de 127.100 personas a 178.000.

Ahí reside el segundo elemento sádico del discurso de Rosell: la obtención de placer propio a costa del sufrimiento ajeno.

Volviendo al informe de la Fundación BBVA y el IVIE, su coordinador, el catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, Francisco Goerlich, afirmaba que “el principal origen de estos resultados es lo sucedido en el mercado de trabajo”, ya que “las políticas públicas han perdido fuerza redistributiva” y por ello “no han compensado por completo los cambios que la crisis y el deterioro del empleo han provocado en la distribución de la renta entre los hogares”.

Somos conscientes de que ni éstos ni otros argumentos socioeconómicos harán cambiar de idea a Juan Rosell y al resto de los apóstoles del dios Mercado. Su dogmatismo extremo les inhabilita para comprender lo dañinas que resultan sus vetustas recetas liberales en el seno de una sociedad que hace décadas dejó atrás el liberalismo clásico para evolucionar hacia el Estado del Bienestar.

Somos conscientes también de que a Juan Rosell y al resto de dirigentes de la CEOE les encantaría ver a la clase trabajadora europea trabajando a cambio de un plato de comida, como ocurre en los paraísos laborales de la esclavitud.

Pero Juan Rosell y sus correligionarios deberían tener cuidado con lo que proponen porque un pueblo que lo ha perdido todo, ya no tiene nada que perder.

 

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