El secuestro de Julian Assange

5. febrero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias acaba de determinar que la detención que sufrió Julian Assange a manos de la policía británica por orden de la fiscalía sueca, fue ilegal. De este modo, el fundador de Wikileaks pasa a engrosar la larga lista de personas que han sufrido persecuciones verdaderamente inquisitoriales por el simple hecho de haber revelado una verdad que determinados poderes pretendían seguir ocultando.

Las falsas acusaciones de violación y acoso sexual que Suecia lanza contra Assange son tan endebles y suenan tanto a montaje político-penal, que hasta la primera fiscal sueca encargada del caso lo archivó en cuestión de horas. Luego llegó la Fiscal Superior de Suecia, Marianne Ny, para reabrirlo. También en España sabemos para qué sirven las Fiscalías cuando son requeridas por las cloacas del Estado o de determinadas personas “protegidas”, llámense banqueros, llámense infantas.

También sabemos que EEUU, posible destino final de Assange en caso de ser extraditado a Suecia, es un país que aplica la justicia a su antojo, protegiendo a sus propios asesinos (como los tres responsables del tanque que asesinó a José Couso y a Taras Protsyuk en Bagdad) y torturando hasta la muerte a inocentes en cárceles ilegales como la de Guantánamo.

Assange debió refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres, donde lleva asilado y recluido desde hace tres años y medio, puesto que será detenido por la policía británica en cuanto abandone el edificio. Por eso resulta tan vergonzoso que una instancia de Naciones Unidas exija al Reino Unido y a Suecia (dos supuestas democracias consolidadas) que garanticen la “seguridad e integridad física” de Assange, así como su “libertad de movimientos” y el goce pleno de sus “derechos garantizados por las normas internacionales sobre detención”.

Esto mismo es lo que Occidente exigía a los países del bloque soviético durante la Guerra Fría, a propósito de los presos políticos allí encarcelados. Ahora los carceleros son EEUU, Suecia y Reino Unido. Una prueba más de que la Dictadura de los Mercados está funcionando a pleno rendimiento.

 

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