El sueño de una noche de verano

8. septiembre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Todos los ciudadanos, incluidos los políticos, poseen el derecho a soñar durante las cortas y agradables noches de verano. Sin embargo, aquellos y aquellas que se dedican profesionalmente a la cosa pública deberían abstenerse de plasmar sus sueños en la nota de prensa o en la intervención ante los medios de la mañana siguiente.

 

El portavoz popular Esteban González Pons cometió esta torpeza ayer después de haber soñado con una España en la que el Partido Popular ganaba las elecciones para crear a continuación 3 millones y medio de puestos de trabajo, y (¡atención!) un millón más de empresarios.

 

Si William Shakespeare se dejó llevar por la belleza onírica de una noche de verano para escribir una magistral comedia romántica plagada de reyes, príncipes, plebeyos y hadas, González Pons trató ayer de superarle con una fábula en la que las empresas se fundaban y los puestos de trabajo manaban de ellas, mediante la vieja estrategia de “facilitar fiscalmente la creación de empresas”.

 

Sin embargo, el mago González Pons olvidó mencionar cómo iban a subsistir estas nuevas empresas tras la inyección inicial de dinero público, teniendo en cuenta que España padece un gravísimo problema de debilidad de la demanda interna, generado por los empresarios ya existentes, por unos sindicatos mayoritarios sumidos en el sueño de Morfeo, y por unos gobiernos socialistas y populares que han “dejado hacer” en Economía.

 

Quizá el portavoz popular esté pensando en invertir esta situación con una inminente subida del salario mínimo interprofesional a niveles europeos, y con una nueva normativa que reinstale, de una vez por todas, la verdadera estabilidad laboral en el mercado de trabajo. O puede que se limite a seguir las enseñanzas del maestro Aznar sobre pleno empleo: para alcanzar esa ansiada meta, basta con crear una enorme burbuja inmobiliaria, capaz de albergar en su interior varios millones de puestos de trabajo,… eso sí, todos relacionados de una u otra forma con el sector de la Construcción.

 

En cualquier caso, si la intención de González Pons es utilizar la demagogia para rascar votos en medio de un país laboralmente moribundo, sus palabras de ayer rozan la impertinencia. Si por el contrario, cree verdaderamente lo que dice, el tiempo será el juez implacable sobre sus nobles intenciones y sobre los objetivos logrados. Mal fario produce, no obstante, la parte de la intervención en la que González Pons se dedicó a responsabilizar al Gobierno de Rodríguez Zapatero por la no convocatoria de referéndum sobre la reforma constitucional, sin tener en cuenta que 35 diputados o 27 senadores del PP eran suficientes para darle la voz al pueblo. Demagogia pura.

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