El Tiananmen de Estambul

17. junio 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Durante toda la Guerra Fría (y especialmente, a lo largo de la década de los ochenta), la preservación de los Derechos Humanos fue un arma arrojadiza que el Occidente capitalista utilizó para denostar a todos aquellos países que proponían modelos socioeconómicos fuertemente estatalizados.

Caído, o a punto de caer, el Muro de Berlín (en buena parte, como consecuencia de esta acción propagandística), Occidente olvidó los Derechos Humanos y se dedicó a mirar hacia otro lado cuando el ejército chino masacraba a miles de manifestantes en la plaza de Tiananmen, o mientras Boris Yeltsin bombardeaba el Parlamento ruso después de que la mayoría de la Duma se hubiera plantado ante sus procedimientos autoritarios.

Al fin y al cabo, en los albores de los noventa, China y Rusia estaban a punto de poner en el mercado laboral globalizado a cientos de millones de trabajadores low cost, para mayor gloria y beneficio de multinacionales y fondos de inversión extranjeros. Una realidad laboral que exigía la existencia de dictaduras o de “democracias” autoritarias cimentadas sobre dudosos procesos electorales, en todos aquellos países que acababan de ser admitidos en el club del libre mercado.

El silencio cómplice de EEUU o la tibia condena de la Unión Europea respecto a la salvaje represión policial que el régimen turco de Erdogan está realizando contra quienes se atreven a acampar en un parque público para evitar su transformación en centro comercial, recuerda mucho a la actitud que Washington y Bruselas mantuvieron durante la matanza de Tiananmen.

Particularmente infames son las declaraciones del comisario europeo de Ampliación, Stefan Füle, que la semana pasada declaraba que “el recurso excesivo a la fuerza policial no tiene cabida en una sociedad democrática”, para señalar a continuación que “por nuestra parte, no tenemos la intención de abandonar el proceso de adhesión de Turquía a la UE”.

Evidentemente, en un contexto de rebaja generalizada de los salarios en la UE, la adhesión de Turquía y de su mano de obra barata es un “activo” económico que no puede despreciarse, aunque venga de la mano de un gaseador lacrimógeno y fundamentalista como Erdogan. En el programa político de algunos, los Derechos Humanos están para proclamarlos, no para practicarlos. “Gato negro, gato blanco,… lo importante es que cace ratones”, Deng Xiaoping dixit.

 

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