El Wert de la discordia

3. febrero 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La oposición casi unánime de la comunidad universitaria al decreto de flexibilización de las carreras aprobado el pasado viernes por el Consejo de Ministros, cristalizó ayer con la negativa de los rectores españoles a aplicar la nueva norma. El mismo ministro que se ha cargado la embrionaria industria española del cine, y que ha puesto en pie de guerra a la comunidad educativa con la aprobación de la LOMCE, parece haberse propuesto ahora el doble objetivo de sembrar el caos en la educación superior, aniquilando de paso la igualdad de oportunidades en el acceso a los estudios universitarios.

Con la voluntariedad que establece la nueva norma (y en virtud de la cual, cada universidad podrá optar por el modelo de carreras que más le convenga), se rompe el principio de homologación que motivó la introducción en nuestro país por el Espacio Europeo de Educación Superior (más conocido como Plan Bolonia).

Pero eso no es lo peor.

Si las antiguas licenciaturas de cinco años no solían ser sinónimo de los conocimientos necesarios en una materia para hacer uso de ellos con fines profesionales, los grados de cuatro años del Plan Bolonia (introducidos en España por Zapatero-no-os-fallaré), y los minigrados de tres que ahora propone el ministro Wert, todavía lo son menos.

Hay algo que ha cambiado por el camino: la mercantilización de la enseñanza universitaria, ya sea ésta impartida por centros públicos o privados. Las tasas que se cobraban en las universidades públicas por cursar las antiguas licenciaturas de cinco años eran asequibles para todos los bolsillos, y además venían reforzadas por una política de becas que el régimen de Rajoy ha recortado notablemente. En el actual modelo implantado por el Plan Bolonia, los grados de cuatro años y los másteres de uno ya suponen un encarecimiento evidente por el coste más elevado de éste último.

Con la nueva normativa de Wert sobre grados de tres años y másteres de dos, el desequilibrio será escandaloso. Siguiendo el modelo estadounidense, que tanta inspiración irradia a los gestores del régimen de Rajoy, la universidad española se dispone a desdoblarse en dos realidades: una universidad para pobres, en la que los hijos de los trabajadores sólo podrán pagarse un grado de tres años que, como mucho, les habilitará para trabajar de ayudante de gorrilla en los aparcamientos públicos del país; y una universidad para ricos, en la que los hijos de las clases más acomodadas obtendrán la cualificación necesaria para incorporarse a la élite que dirige el país.

Así fue siempre, y así volverá a ser, tras un breve paréntesis histórico en el que la clase trabajadora accedió a los estudios superiores, dando como fruto fenómenos intelectualmente incómodos para el poder como el 15-M, Democracia Real Ya, las Mareas Ciudadanas o Podemos.

 

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