Elecciones a medida

29. julio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Según Dolores Cospedal, los dictadores y los golpistas son los que aprovechan el poder para cambiar las leyes electorales a su antojo y en su propio beneficio. Lo dijo a principios de 2007, cuando estaba en la oposición, y a propósito de una reforma electoral que pretendía aprobar el entonces presidente socialista de Castilla-La Mancha, José María Barreda, a menos de cuatro meses de las elecciones.

Cospedal dijo en aquel momento que la modificación legislativa que Barreda quería sacar adelante con su mayoría absoluta, era “una auténtica vergüenza” y le comparó con Hugo Chávez, al decir que ambos actuaban como quien maneja la ley electoral a su antojo y en beneficio propio, en detrimento de la democracia”. Posteriormente, Cospedal concluyó que “esta reforma se está haciendo de tapadillo”, y que “los golpes de Estado no los vamos a consentir”.

Bien, ocho años después de aquella efervescencia democrática, Cospedal ha acabado como secretaria general de un partido que pretende utilizar su mayoría absoluta en el Congreso para modificar la ley electoral en beneficio propio, haciendo que los Ayuntamientos sean gobernados siempre por la lista más votada.

De sobra hemos explicado en este diario [ver 1] [ver 2] [ver 3] las diferencias entre democracia parlamentaria y democracia presidencialista, y hemos recordado también que la Constitución de 1978 apuesta por la primera, lo que significa que los defensores de la segunda pretenden subvertir el sistema nacido de nuestra Carta Magna. La operación tiene su lógica, ya que después de acabar con todo el contenido social de la Constitución, los neoliberales se proponen ahora “reformar” los apartados relativos al pluralismo político y a la proporcionalidad institucional.

El objetivo último de esta odiosa ideología es concentrar el poder político y la riqueza económica en cada vez menos manos. Al resto, sólo le quedará escuchar y obedecer, ya se trate de ciudadanos de a pie, ya de representantes institucionales de partidos minoritarios.

Este es el verdadero sentido de la reforma electoral que el PP quiere aprobar en el Congreso cuatro meses antes de las elecciones generales y dos después de que el resultado de las municipales haya demolido la mayoría absoluta obtenida mediante engaños en noviembre de 2011.

La flaqueza democrática de los Moncloa Boys hace prever que la norma saldrá adelante antes del final de la legislatura. Sólo queda por saber cuál será la actitud de los socialistas (antiguos socios de los populares en la reforma del artículo 135 de la Constitución) después de que se produzca el relevo en el gobierno.

 

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