Emperador Macron

19. junio 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Las poblaciones de los llamados “países democráticos” pueden ejercer todavía su derecho al voto, porque los grandes poderes económicos cuentan con los recursos suficientes para orientar previamente a la opinión pública hacia la dirección que más les conviene. De no ser así, las elecciones estarían prohibidas.

Ese sistema de control social es el que, por ejemplo, hace crecer a un tipo de prensa económicamente deficitaria, pero ideológicamente servidora del dios Mercado, mientras margina a otro tipo de prensa, igualmente deficitaria, pero mucho más crítica con el orden establecido. Para ello, basta con orientar la publicidad comercial y la publicidad institucional hacia unos u otros medios de comunicación.

El resultado de este trampantojo lo acabamos de ver en Francia, donde la población ha utilizado las urnas para elevar a la categoría de emperador a un neoliberal como Emmanuel Macron, cuya principal misión es aplicar las mismas políticas neoliberales por las cuales el Partido Socialista de Hollande y Valls acaba de perder 270 de los 314 escaños que tenía en la Asamblea Nacional francesa.

Ayer, poco después de que la segunda vuelta de las legislativas francesas otorgaran la mayoría absoluta al partido de Macron, su primer ministro Édouard Philippe declaraba que “los franceses han preferido la esperanza a la cólera”, mientras el portavoz del gobierno, Christophe Castaner afirmaba que “los franceses no nos han dado un cheque en blanco, intentaremos merecer su confianza, debilitar las fuerzas extremistas y evitar que en el futuro se repitan estos niveles de abstención”.

Sin embargo, lo que no dijo Castaner es que, el único extremismo que a partir de ahora se va a desarrollar en Francia es el extremismo neoliberal, con privatizaciones masivas, bajadas generalizadas de salarios, pérdida de derechos laborales y desregulaciones a medida para los más ricos.

Las agencias de socialización del sistema han funcionado perfectamente. La población francesa ha “comprendido” que la única salida posible al descontento social que producen las políticas neoliberales, es más neoliberalismo. La democracia tiene paredes y techo de cristal, pero los votantes aún no son conscientes de ello, y cuando lo son, se decantan por apoyar a neofascistas como Trump o Le Pen, que son el plan B del propio sistema. La democracia funciona; el Estado del Bienestar y la redistribución de la riqueza, por desgracia, cada vez menos.

 

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