“En el corazón del sistema”

8. julio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

No son pocas las voces (incluida la de este diario) que durante los últimos años han señalado que quienes salen a la calle a reclamar justicia social, trabajo digno, bienestar y futuro no son grupos antisistema, sino prosistema, entendiendo como “sistema” al conjunto de derechos sociales y de libertades públicas que están amparadas por la Constitución.

Los verdaderos antisistema son aquellos activistas neoliberales de traje y corbata que, con una serenidad rayana en el cinismo, están desmontando todos los resortes de la redistribución de la riqueza que operaron durante décadas para dar apariencia de sostenibilidad a un sistema económico esencialmente insostenible.

Algunos de los ideólogos del neoliberalismo, como el fallido economista Daniel Lacalle (actualmente reconvertido en asesor financiero de los muy ricos para que sean todavía más ricos) se atreven incluso a recorrer los platós televisivos para proponer, por ejemplo, que los salarios de los trabajadores deben ser bajos, y que esta merma de la renta disponible, en tanto que circunstancia negativa para el consumo, debe ser contrarrestada con una disminución de los impuestos para las clases populares. El paso siguiente (ocultado por Lacalle a los telespectadores) es la quiebra del Estado por falta de ingresos, y la privatización masiva de servicios públicos, que pasarían a funcionar desde la perspectiva del ánimo de lucro.

Frente a este robo de lo público, orquestado al más alto nivel por los grupos antisistema, ha surgido una reacción social y ciudadana que, según afirmó ayer la Audiencia Nacional, está “en el corazón del sistema”. La sentencia absolutoria respecto a las 19 personas que fueron detenidas durante la protesta que se desarrolló ante el Parlament de Cataluña el 15 de junio de 2011, es todo un tratado de Derecho Constitucional que muchos jueces, fiscales, legisladores y gobernantes harían bien en leer y releer.

Según la Audiencia Nacional, “la expresión pública de la crítica a quienes ostentaban en aquel momento la representación popular” es algo “que se integra en el núcleo de la democracia, en el corazón del sistema, en la medida que expresa participación ciudadana directa, libertad de expresión, pluralismo político y acceso al espacio público de las voces de disenso de los desfavorecidos por las políticas públicas de austeridad”.

La sentencia (dictada con el voto en contra de Fernando Grande Marlaska) va más allá señalando que “resulta obligado admitir cierto exceso en el ejercicio de las libertades de expresión o manifestación, si se quiere dotar de un mínimo de eficacia a la protesta y a la crítica”.

Por el contrario, castigar estas conductas “enviaría un mensaje de desincentivación de la participación democrática directa de los ciudadanos en las cosas comunes y del ejercicio de la crítica política”, según afirma la sentencia.

No cabe duda de que, ante pronunciamientos judiciales como éste, los neoliberales en el poder intentarán constreñir los derechos y libertades públicas con legislaciones cada vez más restrictivas de los mismos; pero lo que nunca podrán conseguir es que esas leyes mordaza sean acordes con la Constitución y con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La sentencia de la Audiencia Nacional deja claro quiénes son los antisistema y quiénes están enfrente de ellos, en “en el corazón del sistema”, ejerciendo el derecho constitucional a “participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes”. La visión pacata y reduccionista de que la democracia consiste exclusivamente en votar cada cuatro años y luego dejar hacer sin límites a los gobernantes democráticamente elegidos, no parece demasiado constitucional; como tampoco lo es poner la legitimidad de las urnas al servicio de los intereses de la Troika y de los grandes capitales a los que representa.

 

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