En funciones de dictador

3. marzo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Varios medios de comunicación, de los considerados fetén, iniciaron sus titulares este fin de semana con la expresión “El presidente en funciones de Ucrania…” para rematar luego con predicados como “…declara ilegal al nuevo Gobierno de Crimea”, “…hace un llamamiento a los líderes internacionales…”, o “…considera prioritario volver a la integración europea”.

Al parecer, el redactor o redactores de estas noticias no han tenido en cuenta la diferencia de legitimidad entre “presidente en funciones” y “presidente de facto”. Olexander Turchinov no fue encumbrado a la cima del poder ucraniano por ningún proceso electoral, como ocurrió con el actual presidente del país, Víctor Yanukóvich (que ganó las presidenciales de 2010 con casi un millón de votos de diferencia respecto a la candidata proeuropeísta Yulia Timochenko), sino por la acción armada de unos terroristas de ultraderecha que –solos o en compañía de otros– han incendiado las calles, ocupado por la fuerza edificios oficiales y agredido a los policías y militares que intentaban restablecer la normalidad en las calles de Kiev.

Como hemos afirmado en otras ocasiones, el argumento de la legitimidad democrática sólo pierde sus efectos cuando los gobernantes elegidos en las urnas optan por incumplir deliberada y sistemáticamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Nadie dijo que esto estuviera ocurriendo en Ucrania antes del golpe de Estado que ha apartado del poder a Víctor Yanukóvich. Cabe recordar que las revueltas comienzan cuando éste se opone al acuerdo comercial entre su país y la Unión Europea, del que los grupos de la oposición son firmes partidarios.

Mientras la UE, la OTAN y EEUU se han apresurado a prestar su apoyo al nuevo “presidente en funciones” (se supone que “en funciones de dictador”), la situación en Ucrania viene marcada por una ola de antisemitismo generada por los grupos neonazis que han tomado el control del país, y que ya la semana pasada movió al rabino Moshe Reuven Azman a pedir a los judíos de Kiev que salgan de la ciudad, e incluso del país, según informó el diario israelí Maariv.

La situación está marcada también por el hostigamiento hacia las sedes del Partido de las Regiones y del Partido Comunista, así como hacia algunas de las sinagogas que sirven de punto de encuentro para los más de 200.000 ucranianos de religión judía.

Frente a esto, y en un país dividido casi al 50% entre personas de cultura rusa y nacionalistas ucranianos, parece que la única decisión sensata ha procedido del Kremlin, con la decisión del presidente Putin de desplegar fuerzas militares en el este del país para proteger a los primeros, y evitar las tentaciones de algunos de imponer en el país una guerra civil similar a la que vivió Yugoslavia a finales de los noventa. Esperemos que esta sensatez tenga su reflejo en EEUU, en la UE y en la OTAN.

 

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