España hacia el autoritarismo

26. septiembre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Decía el filósofo suizo Henri–Frédéric Amiel que “el liberalismo se alimenta de abstracciones, porque cree posible la libertad sin individuos libres”. No es preciso volver a explicar que nuestro país y todos los de su entorno socioeconómico viven en este momento sometidos a la Dictadura de los Mercados, un sistema que bajo apariencias democráticas encierra una brutal dominación ideológica, económica y social de los más ricos respecto al resto.

En el plano individual, la libertad se va difuminando a la par que languidece la función redistribuidora del Estado respecto a la riqueza generada colectivamente.

En el plano institucional, van apareciendo rasgos autoritarios como los que han podido contemplarse a lo largo de los últimos días. La Mesa del Congreso impide a los grupos parlamentarios presentar mociones relacionadas con la credibilidad del presidente del Gobierno. En las Cortes de Aragón, los grupos parlamentarios del PP, PSOE y PAR pactan un método de funcionamiento que limita la capacidad parlamentaria de los grupos de CHA e IU. En el seno del Gobierno de España, la reforma del Código Penal que está impulsando el ministro Ruiz–Gallardón pretende penalizar con cárcel la “difusión de mensajes o consignas que inciten a la comisión de alguno de los delitos de alteración del orden público”, así como la ocupación pacífica con fines reivindicativos de despachos, oficinas, establecimientos o locales abiertos al público.

Frente al abismo de decepción social que están cosechando quienes han gobernado España y Aragón durante los últimos años, el bipartidismo reacciona maniatando a los grupos políticos minoritarios de manera que sus votos (transformados ya en presencia institucional) valgan menos que los de los grandes partidos.

En cuanto a la ciudadanía, el régimen de Rajoy ha decidido convertirla en una especie de rebaño sin derechos sociales al que ordeñar de vez en cuando para subsanar los desaguisados de la banca, de las autopistas privadas de Aznar, o de cualquier otro mercachifle verboso que decida situar sus pretensiones empresariales o financieras por encima de la razón económica.

La espiral de autoritarismo que están promocionando algunos de nuestros gobernantes trae a la memoria una reflexión del que fue el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson: “cuando los gobiernos temen a la gente, hay libertad; cuando la gente teme al gobierno, hay tiranía”.

 

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