Esperanza Aguirre: otra que no sabía nada

9. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Nuevos documentos hallados en el domicilio del exgerente del PP de Madrid, Beltrán Gutiérrez, han impulsado la investigación sobre la caja B de los populares madrileños. Como era de esperar, ante el peso de las evidencias documentales, Esperanza Aguirre ha declarado que “a mí no me constaba ni me consta ningún tipo de financiación ilegal en el Partido Popular de Madrid”.

Con ello, se suma a la extensa lista de prebostes políticos y monárquicos que no sabían lo que ocurría en su partido, en su domicilio o en sus empresas. Y la sociedad empieza a cansarse de que tanto ignorante haya podido trepar hasta las más altas esferas del poder.

La explicación que ayer ofreció la expresidenta del PP madrileño, hoy portavoz del grupo municipal popular en el Ayuntamiento de Madrid, es tan bochornosa como su “no me consta”. Según Aguirre, “es verdad que yo he sido presidenta y podía haberme ocupado de la financiación; no lo hice porque había cuatro personas que se ocupaban de ello”.

Cualquiera menos ella puede darse cuenta de que con estas palabras, Esperanza Aguirre está reconociendo su responsabilidad política en el caso Púnica. Cualquiera de sus admirados políticos anglosajones hubiera presentado la dimisión de todos sus cargos tras pronunciar estas palabras.

Pero Aguirre no ha dimitido todavía porque es anglófila en lo económico y carpetovetónica en lo caciquil.

En su momento, el Partido Popular pidió hasta la extenuación la retirada de Chaves y Griñán de la esfera pública por su responsabilidad política en la inmensa trama de corrupción que se gestó bajo sus mandatos como presidentes de la Junta de Andalucía. Y Chaves y Griñán se han ido mucho antes de que llegue la primera sentencia firme sobre el caso de los ERE.

Sin embargo, cuando son las doce del mediodía del 9 de marzo de 2017, Esperanza Aguirre sigue sentada en su sillón de concejala, a pesar de los Gürteles y de las Púnicas, haciendo bueno aquel adagio de que “la política profesional debe ser una actividad pasajera a la que no es bueno aferrarse”. Pues bien, 34 años de dedicación profesional a la política la contemplan, así como varios escándalos de corrupción y no pocas ranas ungidas por su dedo semidivino; una aportación ejemplar para que la sociedad se sienta representada e inspirada por la honestidad de los políticos a los que elige en las urnas. Todo muy anglosajón.

 

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