Espiral deflacionista

30. marzo 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En nuestro editorial del último día del año pasado, advertíamos que 2015 iba a ser el año de la deflación. Los datos oficiales van confirmando esta previsión. Según el Instituto Nacional de Estadística, marzo ha sido el noveno mes consecutivo con caídas anuales en el IPC. Ya sólo quedan tres meses de cifras negativas para completar los dos semestres que los expertos suelen requerir para diagnosticar la deflación en la economía de un país.

Sólo el aumento del precio de los carburantes (un elemento coyuntural vinculado al capricho de las petroleras) ha librado al país de una mayor caída de precios en marzo. Mientras tanto, en este año electoral, los mensajes triunfalistas oficiales sobre la recuperación económica no dan para ocultar el hecho de que las tasas de crecimiento no dan para crear empleo (considerado como aumento del volumen de horas trabajadas), ni para evitar el cierre de pequeñas y medianas empresas, ni mucho menos para romper la espiral deflacionista en la que nos encontramos.

Así pues, destrozada la economía como consecuencia de las políticas neoliberales del austeridazo, al Banco Central Europeo sólo se le ocurre el recurso de comprar de forma masiva deuda pública de los Estados de la Eurozona para contrarrestar la actual tendencia deflacionista. Esta línea de actuación, de la que ya hablamos en este mismo espacio durante el pasado mes de enero, supone que nosotros mismos somos los compradores del humo que vendemos, ante la imposibilidad de construir una economía sólida sobre la fortaleza de la demanda interna.

Cualquier artificio, menos reconocer que el austeridazo y la globalización sin equiparación previa de condiciones fiscales y laborales, son las dos patas sobre las que se asienta un modelo económico injusto, insostenible, irracional y suicida, que está acabando con todos los equilibrios macroeconómicos alcanzados tras el crack del 29.

Uno de esos equilibrios terminará de caer el año que viene cuando, después de las elecciones generales, el gobierno entrante se vea obligado a devolver la deuda pública del país, una variable que en este momento se sitúa en el 97,7% del PIB, cuando en el momento en el que Rajoy se instaló en La Moncloa era del 68,5%.

Una vez más se demuestra que el fracaso económico de hoy son los recortes presupuestarios de mañana.

 

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