Estado de derechas

20. noviembre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

A primera vista, podría parecer que el 40 aniversario de la muerte de un genocida fascista es un buen momento para analizar su paso por la historia. Sin embargo, en este diario consideramos que ningún mequetrefe dispuesto a enarbolar sus prejuicios fundamentalistas para acabar con la democracia y las libertades, merece el menor comentario.

Sí lo merece, en cambio, aquella parte de su legado sangriento que, por desgracia, ha llegado hasta nuestros días. En este apartado, es necesario mencionar la impunidad de la que siguen disfrutando –cuarenta años después– los asesinos y los torturadores del Estado franquista; el desprecio que continúan recibiendo las víctimas de la dictadura; la pervivencia del nombre del dictador y de otros golpistas en numerosas plazas y calles de la geografía española; o la tolerancia institucional hacia los homenajes que Franco se dispone a recibir en el día de hoy o en fechas cercanas.

Pero sobre todo, bajando unos peldaños más hacia la cloaca, es preciso denunciar que cuarenta años después de la muerte del dictador, siguen intactas las estructuras institucionales que aquel pequeño militar mediocre dejó atadas y bien atadas. Dos ejemplos de rabiosa actualidad confirman la existencia de un Estado de derechas que, cuando es necesario, no tiene ningún problema a la hora de imponerse al Estado de Derecho reconocido en nuestra Constitución.

Por un lado, la desmedida reacción del régimen de Rajoy contra el exgeneral Julio Rodríguez tras conocerse su participación en la lista electoral de Podemos, denota que en este país, para ser un buen jefe militar, hay que ser de derechas. Quienes ayer admiraban a Rodríguez por su ejemplar hoja de servicios, hoy le repudian al saber que participa en una organización demonizada por muchos postfranquistas, a pesar de haber dicho, como ellos, que no es ni de derechas ni de izquierdas”.

Por otro lado, tenemos el caso de Xaquín García Sinde, un trabajador de Navantia Ferrol, dirigente sindical y militante de Izquierda Unida, al que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), dependiente del Ministerio de Presidencia, reconoce oficialmente que discrimina por motivos ideológicos.

Según publicaba ayer eldiario.es, el CNI denegó el año pasado a García Sinde la habilitación personal de seguridad imprescindible para trabajar en la parte militar del astillero, aduciendo como causa que “no reúne los criterios de idoneidad”. El trabajador denunció al CNI y ganó la demanda ante la Audiencia Nacional, que anuló la calificación anterior y obligó al CNI a redactar una nueva que fundamentase la negativa.

En la nueva calificación del Ministerio de Presidencia se dice que “el señor García Sinde ha demostrado una continuada participación en organizaciones y grupos cuyos ideales defienden una estrategia revolucionaria: de clase, anticapitalista e internacionalista”, que si bien es “lícita” también “se considera discordante con la protección de la información clasificada que el Ministerio de Defensa español le cede a la industria para sus desarrollos armamentísticos”.

Así pues, el Gobierno de España dice en un documento oficial que, para ser un buen trabajador de la parte militar de los astilleros Navantia, es preciso ser de derechas. El Estado de derechas legado por Franco se impone así al Estado de Derecho reconocido en una Constitución cuyo artículo 14 dice que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Pues bien, acaba de demostrarse documentalmente que el régimen de Rajoy no tiene ningún problema a la hora de pisotear este mandato constitucional, con tal de defender la esencia genéticamente derechista que aquel dictador fascista legó a España.

Y Felipe VI, ¿qué opina de esto?

 

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