Esther y los autores de su muerte

9. febrero 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El pasado jueves, Esther fue víctima mortal de un modelo económico injusto, autoritario, implacable, inhumano, descerebrado, nocivo, y además, inviable. Por eso, y a pesar de que el informe oficial hable de suicidio, en realidad la muerte de esta zaragozana de 43 años que iba a ser desahuciada de la vivienda que tenía alquilada en la calle Cereros, así como las muertes de decenas de personas que han optado por quitarse la vida en este país ante la perspectiva de un desahucio acompañado por un futuro de exclusión social, tienen como autores a todos aquellos estamentos políticos y económicos que no han sabido dar respuesta a situaciones de necesidad de la ciudadanía.

Hace dos años, una Iniciativa Legislativa Popular llegó al Congreso avalada por más de 500.000 firmas. En ella se pedía el establecimiento de tres medidas perfectamente compatibles con el artículo 47 de la Constitución Española y con el 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales: la dación en pago por la vivienda habitual para casos de impago sobrevenido de buena fe, una moratoria para todos los desahucios por ejecución hipotecaria de viviendas habituales, y la ampliación del alquiler social de las viviendas que están en manos de los bancos.

En lugar de escuchar a la ciudadanía, a la Constitución y al mencionado Pacto Internacional (que al haber sido ratificado por España en septiembre de 2010, ha pasado a formar parte del Derecho positivo de nuestro país), el gobierno de Rajoy desnaturalizó esta ILP aprobando un sucedáneo llamado Ley 1/2013, de 14 de mayo, de medidas para reforzar la protección a los deudores hipotecarios, reestructuración de la deuda y alquiler social.

Los heraldos políticos y mediáticos del partido en el gobierno anunciaron que esta nueva ley erradicaba de nuestro país los desahucios, pero las cifras oficiales y ciertos episodios extremos como los de Esther o los de decenas de antidisturbios irrumpiendo por la fuerza en una vivienda habitada por un bebé que llora en los brazos de su desesperada madre, indican que esta afirmación era tal falsa como la voluntad gubernamental de anteponer los derechos de las personas sobre los intereses económicos de los potentados.

Hablar de mejoría económica, o simplemente de economía, en un país donde hay más de medio millón de viviendas sin uso, y alrededor de 250.000 familias sin techo, resulta tan tragicómico como afirmar que quienes pergeñaron para nuestro país el modelo productivo de la burbuja inmobiliario-financiera, son los que pueden solucionar sus catastróficas consecuencias.

 

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