Expo Zaragoza, seis años después

13. junio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuando se cumplen seis años de la inauguración de Expo Zaragoza 2008, es imposible ocultar el avance que la capital aragonesa ha experimentado respecto a su situación anterior a la muestra internacional. Durante tres meses hubo una Expo institucional que se convirtió en el mayor evento diplomático mundial del año, con la visita a Zaragoza de altos representantes de 105 países y de las principales organizaciones supranacionales. Pero también hubo una Expo social, ciudadana, artística, reivindicativa, crítica, reflexiva, cultural, comprometida y divulgativa, que empujó decisivamente para que, por ejemplo, la Asamblea General de la ONU reconociera dos años después el Derecho Humano al Agua y al Saneamiento.

Cierto es que la irrupción de la crisis financiera mundial en la fase post–Expo ha contribuido a ensombrecer algunos de los proyectos que se habían venido diseñando desde 2004, cuando Zaragoza fue elegida como sede de la muestra. Cierto es que en una época de recortes presupuestarios desmedidos e injustos, algunas instituciones como el Gobierno de España, el Gobierno de Aragón o Ibercaja carecen hasta del poco dinero que hace falta para poner en marcha algunos iconos de la Expo como el Pabellón de España, el Pabellón de Aragón, el Pabellón Puente, la Torre del Agua o el Telecabina Aramón. Cierto es que, una vez construidos estos equipamientos, determinados gestores de lo público y de lo privado sólo ven gasto donde la mayoría ve inversión.

Sin embargo, y a pesar de las dificultades económicas e idiosincrásicas de esta tierra, lo cierto es que en Expo Zaragoza no se produjeron las ilegalidades administrativas que han llevado a los tribunales a otros grandes proyectos y eventos semejantes; lo cierto es que la ciudad ha ganado para uso público un meandro de 150 hectáreas en el que ahora se asientan el parque más grande de la ciudad, una amplia zona de oficinas y despachos, una moderna Ciudad de la Justicia, un impresionante Acuario Fluvial, un Frente Fluvial abierto al mismo río al que Zaragoza dio la espalda durante siglos, y uno de los conjuntos de arquitectura e ingeniería contemporánea más asombrosos del planeta (Pabellón Puente, Torre del Agua, puente del Tercer Milenio, pasarela del Voluntariado, Palacio de Congresos, parque empresarial Dinamiza). Como cierto es también que, de no ser por el impulso de la Expo, hubieran tardado décadas en llegar a la ciudad las inversiones públicas necesarias para completar los cinturones de ronda, el entorno de la Estación de Delicias, el plan de riberas o el soterramiento de las vías del ferrocarril en el noroeste de la ciudad.

Todo un legado que hasta ahora ha sido impulsado por algunos responsables institucionales, pero sobre todo, por una parte de la ciudadanía, agrupada en torno a la Asociación Legado Expo Zaragoza 2008, sin cuya labor dual de denuncia y colaboración, la post–Expo hubiera sido mucho más sombría.

Ahora, cuando las trompetas institucionales anuncian la recuperación económica, ha llegado el momento de que esos gestores públicos y privados que durante los últimos años han vivido acogotados por la magnitud de las transformaciones urbanas que ellos mismos ayudaron a levantar, comiencen a poner en valor el legado de Expo Zaragoza. La reapertura del Telecabina, la reutilización de los pabellones de España y de Aragón, la creación de un Museo Expo con los materiales que permanecen almacenados desde 2008, o la resucitación cultural del Pabellón Puente y de la Torre del Agua, serían acciones prioritarias en cualquier ciudad que supiera ver las potencialidades turísticas que encierran.

 

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