Falsas esperanzas

23. febrero 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Ciertas expectativas de justicia social se levantaron ayer por la mañana cuando el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos (más conocido por haber sido el responsable de Lehman Brothers para España y Portugal hasta la estrepitosa quiebra de la entidad), anunció en el Congreso que el Gobierno tiene la intención de evitar el drama social que producen los desahucios de viviendas por impago de la hipoteca.

150.000 ejecutados desde que se inició la crisis, y más de 300.000 ejecuciones hipotecarias en proceso, parecían suficiente argumento como para que “el Gobierno de todos” (tal como lo definió Mariano Rajoy durante su discurso de investidura) tomara cartas en el asunto.

Sin embargo, la lógica del dios Mercado se volvió a imponer sobre las necesidades sociales. Lo que al principio parecía una nueva normativa esencialmente concordante con las reivindicaciones de quienes reclaman la figura de la “dación en pago” y el reconocimiento del derecho constitucional a una vivienda digna por encima de cualquier otra consideración, se quedó en una mera declaración de buenas intenciones que, tras la debida negociación con la Banca, podría incluso cristalizar en un Código de Buenas Conductas Financieras, carente –por supuesto– de cualquier obligatoriedad legal.

El mago De Guindos quiso sacar un conejo de su chistera, pero sólo sacó aire.

Si el ministro de Economía y Competitividad hubiera comprendido algo de lo que le enseñaban cuando estudiaba esta disciplina, sería consciente de que, si los ricos se quedan con toda la tarta (vía despidos, reducción de impuestos, rebajas salariales, reformas laborales, recortes presupuestarios, etc.), los demás se ven privados –entre otras cosas– de poder hacer frente a sus obligaciones hipotecarias, por lo que el dinero prestado anteriormente por los bancos se convierte en ladrillo de segunda mano sin valor, cuyo arrebatamiento sólo agranda el sufrimiento de las familias y el agujero negro de las entidades financieras.

Por ello, si el Gobierno de España pretende hundir la economía del país, lo mejor que puede hacer es perseverar en sus políticas restrictivas del gasto público; aunque si lo que pretende es hundir sólo a las familias y a los bancos, basta con que siga aprobando medidas tendentes a rebajar el poder adquisitivo de la mayoría de la población.

 

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