Fanáticos gobernantes europeos

8. agosto 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Las Administraciones Públicas de nuestro país gastan cientos de millones cada año en la promoción de las exportaciones españolas. En el ejercicio 2013, sólo la Administración General del Estado ya transfirió al ICEX (“España Exportación e Inversiones”, antiguo “Instituto Español de Comercio Exterior”) la nada despreciable cantidad de 82,5 millones de euros de dinero público.

Tras numerosas y costosas gestiones empresariales y diplomáticas, en ocasiones, se cumple el objetivo de abrir las puertas de otros países a las mercancías producidas en España. Otras veces, no.

En el terreno de los éxitos, estas gestiones han conseguido, por ejemplo, convertir a la Federación Rusa en uno de los principales destinos de exportación de productos agroalimentarios españoles, con un volumen de casi 600 millones de euros en 2013, tal como ayer afirmaba la organización agraria COAG.

Sin embargo, lo que ha costado mucho tiempo construir, puede desmoronarse en un sólo segundo, sobre todo, cuando se forma parte de una Unión Europea dirigida en estos momentos por fanáticos neoliberales dispuestos a anteponer sus propios delirios geopolíticos sobre el principio de proporcionalidad jurídica, e incluso, sobre el bienestar de la población europea.

Las desmesuradas sanciones económicas que ha aprobado la UE contra Rusia a propósito de su hipotética participación militar en el conflicto ucraniano, han tenido como lógica respuesta un bloqueo del gobierno ruso sobre las importaciones agroalimentarias procedentes de la UE, EEUU, Australia, Canadá y Noruega.

Esta política de hostigamiento occidental hacia la Federación Rusa, motivada por los episodios de Edward Snowden, de la negativa rusa a autorizar una intervención militar internacional contra el gobierno sirio, y de las objeciones planteadas por Moscú a un acuerdo bilateral entre la UE y Ucrania que hacía caer a este país en la órbita comercial y militar occidental, está a punto de hundir a numerosas empresas familiares del sector agroalimentario europeo.

El grado de fanatismo político de los actuales dirigentes de la UE se manifiesta en el hecho de que, mientras se sanciona gravemente a Rusia por todavía no se sabe muy bien qué, Bruselas mantiene intactas todas sus alianzas institucionales y comerciales con el Estado terrorista de Israel, incluso después de que éste haya asesinado a más de 1.300 civiles inocentes (400 de ellos, niños) en su guerra groseramente asimétrica contra los terroristas de Hamás.

 

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