Felipe González y la democracia

3. agosto 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El pasado 25 de junio, dos días después del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, Felipe González escribía en El País un artículo de opinión dirigido a David Cameron, bajo el título “Incendió la casa para salvar los muebles y se quedó sin casa y sin muebles”.

En él decía, por ejemplo, que “David Cameron pasará a la historia como el político irresponsable que puso en juego el interés general de Gran Bretaña y de Europa para resolver un problema personal y de partido”, justo antes de afirmar que “el populismo y el nacionalismo galopan y contaminan”. Ideas que el expresidente del Gobierno repite cada vez que le ponen delante una grabadora, como por ejemplo, la del diario argentino Clarín en la entrevista que le realizó a González hace unos días.

Es evidente que los neoliberales (vayan disfrazados o no de socialdemócratas) consideran “populismo” toda propuesta contraria a los intereses del modelo económico dominante.

Desde esta perspectiva, el propio Felipe González está dando la solución al “populismo”: “hoy, más que nunca, necesitamos políticas socialdemócratas que sean alternativa real a las políticas neoconservadoras, a los populismos nacionalistas”.

Así pues, el esquema queda claro. Lo que no está tan claro es dónde queda la democracia, ya que Felipe González pasa por alto un pequeño detalle en su tesis: quizá la mayoría de los ciudadanos británicos era contraria a la permanencia de su país en la Unión Europea.

Según el razonamiento del expresidente del Gobierno, cuando las cosas no salen como desean los mandamases de la economía y de la política, es populismo; sin embargo, cuando todo se ajusta al modelo impuesto en economía y en política, es madurez democrática de la población.

Por lo tanto, lo que está pidiendo Felipe González es el mismo nivel de incultura política que existe hoy, pero con los estómagos llenos para prevenir propuestas rupturistas con el statu quo. Algo parecido a lo que ocurrió con el referéndum de 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN, cuando González se apoyó en la demagogia y en unas cuantas mejoras sociales para lograr que buena parte de la izquierda española cambiara el sentido de su voto hacia el “sí, quiero”.

Repetimos, ¿dónde queda la democracia? Para la gente que piensa como Felipe González, en ningún lugar. Simplemente, hemos llegado al “fin de la historia”, como preconizaba el ideólogo neoliberal Francis Fukuyama tras la conclusión de la Guerra Fría. Si es así, el pensamiento político está de más. Encerrémonos, pues, en el redil junto a Felipe González y a todos los demás que enarbolan el non plus ultra de la teoría política. Como se decía en el medievo, “más allá, monstruos” (populistas, por supuesto).

 

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