Firmezas y debilidades

21. abril 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Los millones de conductores que han salido a las carreteras durante el pasado puente de la Semana Santa han podido observar un notable incremento en los precios de los carburantes, sea cual fuere el operador que ofrecía el producto. Estas similitudes de precios en el seno de un mercado supuestamente liberalizado, evidencian un presunto acuerdo ilegal entre las grandes empresas del sector, que actualmente investiga la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) en sus expedientes sancionadores S/484/13 y S/474/13.

Una respuesta administrativa indignantemente leve, si tenemos en cuenta que los abusos en el sector vienen de lejos. La Comisión Nacional de la Competencia (antecesora de la CNMC) ya publicó en 2012 un detallado análisis estadístico y econométrico en el que acreditaba que la escasa competencia entre distribuidores estaba provocando que los precios de los carburantes y los beneficios empresariales en el sector se situaran en España entre los más altos de la UE, muy por encima de los existentes en economías de tamaño comparable a la nuestra.

Meses después, la propia CNC acreditaba en otro informe que los márgenes empresariales en la distribución de carburantes de automoción en España habían crecido un 20% entre 2007 y 2010, a pesar de la fuerte contracción de la demanda provocada por la crisis.

La firmeza con la que los gobiernos de Rodríguez Zapatero y de Mariano Rajoy han legislado a favor de los intereses de las grandes empresas (reformas laborales de 2010 y 2012, privatización de Aena y Loterías del Estado, recortes en materia social, bajadas de los impuestos directos y subida de los indirectos, reforma exprés del artículo 135 de la Constitución Española, etc.) contrasta poderosamente con la debilidad que estos mismos Ejecutivos manifiestan a la hora de meter en cintura a quienes manejan un oligopolio privado atentando cada día contra las leyes del libre mercado y contra los intereses de los consumidores.

Se rompe aquí, una vez más, el dogma neoliberal de que “lo que es bueno para la gran empresa, es bueno para el país”. De hecho, es incluso posible que los estratosféricos precios a los que nos hemos acostumbrado en el doloroso momento del repostaje, estén retrasando la recuperación económica en un país desde hace veinte años carece de modelo de desarrollo, y que desde hace seis padece la mayor crisis de consumo de los últimos tiempos. La marca España.

 

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