Franquistas allí, demócratas aquí

30. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Dos posicionamientos institucionales de signo bien contrario reflejaron ayer la diferencia de talante entre el Partido Popular de Madrid y el Partido Popular de Aragón. El Pleno del Ayuntamiento madrileño votaba una proposición para retirar 15 medallas de oro concedidas en su momento a diversas personalidades y organizaciones del régimen franquista. Entre ellos y ellas, Carlos Arias Navarro, José Moscardó, Pilar Primo de Rivera, la OJE o la Sección Femenina de Falange.

A favor de la propuesta se posicionaron Ahora Madrid, el PSOE y Ciudadanos, mientras que en contra lo hacía el grupo municipal del PP, liderado por Esperanza Aguirre, una supuesta liberal que siempre acaba actuando como defensora del régimen golpista, autoritario, criminal, autárquico y estatalista que Franco impuso en nuestro país.

El principal y peregrino argumento esgrimido por los populares madrileños fue que retirar estas condecoraciones municipales a los mencionados franquistas suponía “una ofensa a sus descendientes”. Ni una palabra sobre cómo debían sentirse los descendientes de los asesinados por el franquismo, al vivir en una ciudad cuyo Ayuntamiento condecora a los asesinos de sus familiares.

En cambio, las Cortes de Aragón aprobaba por unanimidad una proposición no de ley presentada por el Grupo Mixto (CHA e IU) que condenaba la dictadura franquista e instaba al Ejecutivo autonómico a hacer todo lo posible para localizar y dignificar los restos de los desaparecidos.

En esta ocasión, y a diferencia de sus compañeros madrileños, el Partido Popular de Aragón se posicionaba del lado de los demócratas, lo que debe suponer un motivo de orgullo para todos sus militantes y para la sociedad aragonesa en general, independientemente de las preferencias políticas de cada cual.

El reconocimiento de quienes lucharon por la libertad, la democracia y la defensa de la legalidad republicana frente a la agresión totalitaria del fascismo, es la gran asignatura pendiente que este país arrastra desde la Transición. Sabemos que la II República no era perfecta, como tampoco lo es la actual España de la II Restauración borbónica, pero ambas tienen en común su carácter democrático, lo que las convierte en infinitamente mejores respecto a cualquier otro régimen totalitario.

Una parte del Partido Popular todavía no ha comprendido esta diferencia. El sentido del voto manifestado ayer por los populares aragoneses hace pensar que quizá en un futuro próximo podamos ver a un PP regenerado que sienta como propias a todas las víctimas de la violencia política en nuestro país.

 

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