Gervasio Sánchez: la voz de la conciencia

7. marzo 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Ayer fue inaugurada en Madrid (Antigua Tabacalera, calle Embajadores 53) la exposición “Antología” de Gervasio Sánchez, fotoperiodista cordobés de nacimiento, aragonés de residencia y humano de vocación. 148 instantáneas agrupadas en cinco bloques temáticos (América Latina, Balcanes, África, Vidas minadas y Desaparecidos) son suficiente argumento para situar al ser humano ante sus propias deformidades, como si fuera un Dorian Grey contemplando su retrato.

Gervasio es uno de esos seres humanos imprescindibles que contribuyen a que la sociedad intente ser mejor cada día, aunque casi nunca lo consiga. De ahí que el principal mérito de este gran periodista sea el de no rendirse.

A lo largo de sus 25 años de labor profesional, Gervasio Sánchez ha tenido la valentía de contarnos no sólo el qué, el quién, el cuándo, el dónde y el cómo, sino también el porqué de los conflictos armados en los que ha estado presente. Un porqué que es siempre el mismo: la guerra convertida en negocio lucrativo para unos pocos, y en dolor insufrible para millones de inocentes sin voz.

Gervasio habla por ellos, por ellas, con el silencio atronador de miles y miles de instantáneas atroces, desgarradoras, intolerables, reivindicativas, emotivas, crueles, espantosas, alentadoras, inmutables; miles y miles de historias captadas en una fracción de segundo con el único propósito de que el sufrimiento no sea silencio ni se esconda entre la oscuridad de lo inexistente.

148 fotos contra la injusticia sería una definición válida pero demasiado simple a la hora de referirnos a esta exposición, porque detrás de ella hay mucho por descubrir, como el propio Gervasio Sánchez indica en el catálogo de la misma al dedicarla a “a todas aquellas personas que me ayudaron en este largo viaje de un cuarto de siglo”, y en especial a los reporteros que, como Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol, Luis Valtueña, Miguel Gil, Julio Fuentes, José Couso, Julio Anguita Parrado o Ricardo Ortega, “murieron o fueron asesinados mientras ejercían el periodismo con mayúsculas en la delgada línea que separa la vida de la muerte”. “Todos ellos –continúa diciendo Sánchez– embellecieron, fortalecieron y dignificaron este oficio tantas veces pisoteado por hombres y mujeres sin escrúpulos que, desde sus puestos directivos, se dedican a defender a cualquier precio los intereses enmascarados de sus empresas”.

Gervasio Sánchez, uno de los grandes, a quien deberían escuchar cotidianamente los que se creen grandes sin serlo.

 

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