Goodbye, Unión Europea

24. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La Unión Europea de Maastricht se ha roto por una de sus esquinas. Por primera vez en la historia, el pueblo soberano de un país de la UE decide abandonar esta estructura supranacional plagada de desigualdades sociales, de dogmas económicos y de déficits democráticos.

Una vez más se demuestra que neoliberalismo y democracia son términos antagónicos que se excluyen mutuamente. No es posible engañar a toda la gente durante todo el tiempo. Por eso, los principales culpables del brexit son los políticos que han intentado engañar a sus pueblos durante las últimas dos décadas con falsas promesas de bienestar y prosperidad.

La Unión Europea de hoy no es eso, y las personas se van dando cuenta. La respuesta antisocial que los jerarcas de Bruselas han dado a la última crisis económica planetaria, ha provocado una cascada de desencuentros entre la ciudadanía y las instituciones que dicen representarla.

Rajoy resumió ayer este engaño cuando definió la permanencia del Reino Unido en la UE como “la mejor opción para todos” ya que en su opinión, “suprimir ahora algunas de las libertades que conforman lo que es la Unión Europea, la libre circulación de mercancías, de capitales, de servicios,… es algo que, sin duda alguna, no tiene ningún sentido”.

La Unión Europea hoy es, efectivamente, la unión de las mercancías, de los capitales y de los servicios. Es la Unión Europea que está dispuesta a pasar por encima de la democracia y de la vida de las personas para preservar su modelo económico. Es la Unión Europea que gestiona los temas importantes en secreto y de espaldas a sus ciudadanos. Es la Unión Europea que sacrifica derechos sociales y obligaciones tributarias para competir a la baja con los paraísos laborales y fiscales construidos por las élites económicas y tolerados por nuestros gobernantes.

Así las cosas, resulta desolador que el rechazo hacia esta UE neoliberal e inhumana la esté capitalizando una ultraderecha envuelta en la bandera del patriotismo, en lugar de hacerlo una izquierda ideológicamente desarmada y políticamente postrada ante el lenguaje del pensamiento único. Para invertir esa situación, quizá bastaría con que la izquierda europea tuviera el concepto de “lucha de clases” tan presente como lo tienen algunos multimillonarios como Warren Buffet.

El próximo lunes se cumplirán 27 años de la primera ruptura del llamado Telón de Acero, cuando los ministros de Exteriores de Austria y de Hungría decidieron cortar el alambre de espino que separaba ambos países. Las consecuencias de esta primera brecha son conocidas por todos. Quién sabe si esta primera ruptura que acaba de producirse en la Europa dictatorial y dogmática de Maastricht genera efectos semejantes dentro de unos años.

Si los 28 gobiernos de la UE quieren evitarlo, sólo tienen que dejar de construir la Europa de los capitales, y comenzar a construir la Europa de las personas.

 

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