“Grândola, vila morena”

25. abril 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace cuarenta años, Portugal y España eran los dos únicos países de Europa occidental que seguían gobernados por dictaduras fascistas. El ancestral raquitismo político y cultural de nuestro país, hizo que fuese Portugal el primero de los dos que decidió acabar con esa lacra. Ocurrió tal día como hoy de 1974, cuando cientos de capitanes de abril apuntillaron con sus fusiles aclavelados a un sistema que pretendía perpetuarse a lomos de un colonialismo anacrónico y de un autoritarismo abominable.

Cuando Radio Renascença hizo sonar el Grândola, vila morena, soldados y ciudadanos salieron a las calles de Portugal para tomar las riendas de un destino que les estaba siendo arrebatado. No pudo haber mejor selección musical, ya que esta canción de Jose Afonso es un elogio de la fraternidad, uno de los tres valores que habían inspirado la Revolución Francesa casi dos siglos antes.

Después vinieron las lógicas discrepancias políticas entre demócratas y las primeras elecciones libres, como forma de resolverlas a la hora de gestionar un Estado.

Por ello, no es de extrañar que el cuadragésimo aniversario de aquella revolución democrática que triunfó en la calle y en las urnas, se haya teñido de reivindicaciones contra las políticas antisociales practicadas por el gobierno conservador de Pedro Passos Coelho. Al fin y al cabo, la Troika y el resto de los poderes económicos instalados extramuros de la democracia, tratan hoy de arrebatar a los portugueses su capacidad de intervención en la esfera pública, del mismo modo que antes se la habían arrebatado el dictador Marcelo Caetano y su antecesor Oliveira Salazar.

Ningún dogma político o económico puede imponerse a un pueblo en contra de su voluntad, sin dar lugar a una situación dictatorial más o menos disimulada. El pueblo portugués y el resto de pueblos de la Europa del neoliberalismo han demostrado reiteradamente su rechazo hacia un modelo económico que enriquece a los ricos, empobrece a los trabajadores y elimina a las clases medias.

Por ello, la obstinación en el error que actualmente enarbolan los Passos Coelho, Rajoy, Merkel, Hollande o Samarás hace necesaria una revolución democrática como aquella que comenzó un 25 de abril cuando en los transistores portugueses comenzó a escucharse una canción titulada Grândola, vila morena.

 

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