Grecia: el triunfo de la democracia

6. julio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace 2.500 años, los pueblos helenos comenzaron a cuestionar la tiranía como forma de gobierno. Por primera vez en territorio europeo, el ciudadano era sujeto político y adquiría la potestad de contribuir al devenir institucional de la comunidad en la que residía. Aquella democracia rudimentaria fue un germen que siglos más tarde germinó y fructificó en acontecimientos históricos como la Revolución Gloriosa en Inglaterra, la Declaración de Independencia norteamericana, la Revolución Francesa o la Revolución Rusa.

Sin embargo, el camino democrático tomado por buena parte de la Humanidad a partir de la segunda mitad del siglo pasado, está degenerando en una especie de teocracia neoliberal donde el todopoderoso dios Mercado indica las decisiones que deben tomar los gobernantes democráticos, independientemente de su ideología, y por supuesto, de los compromisos electorales que hayan suscrito con sus votantes.

Decisiones que, como ha quedado demostrado en los últimos años, sólo benefician a los que primero abusan de la cosa pública para enriquecerse, y después hacen pagar a los demás los platos rotos de su desastre.

No existe una sola evidencia científica que demuestre las virtudes del austeridazo para superar una crisis económica provocada por la avaricia extrema del capitalismo salvaje. La reacción social frente a esta ignominia ha tardado en llegar, pero finalmente se ha materializado en cambios institucionales importantes como las elecciones generales griegas del pasado 25 de enero, las municipales españolas del 24 de mayo, o el referéndum que ayer se celebró en el país heleno.

A pesar de los chantajes, de las presiones políticas, de las manipulaciones mediáticas, de las amenazas veladas y del miedo que los poderosos han tratado de infundir en el pueblo griego, la mayoría de éste optó en enero por la dignidad y apostó ayer por la democracia.

La principal conclusión de este referéndum es que democracia y neoliberalismo son incompatibles. Por primera vez en este siglo, una nación integrada en la Unión Europea le dice “NO” al dios Mercado y a sus monaguillos. Ha llegado, pues, la hora de “la solidaridad y la democracia” en Europa, tal como dijo anoche Alexis Tsipras. Los gobernantes que no sepan entender esta realidad, deberían abandonar sus cargos políticos y pasar a engrosar la nómina de los grandes grupos empresariales y financieros para los que realmente trabajan. La sombra del Castor es tan alargada como la del rescate griego.

 

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