Grecia: el triunfo de la dignidad

26. enero 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Desde hace tiempo numerosas voces políticas, sociales, intelectuales, económicas y mediáticas (entre las que figura CRÓNICA DE ARAGÓN) venimos insistiendo en que el neoliberalismo es incompatible con la democracia, al menos, en aquellos países que han decidido constituirse institucionalmente bajo el modelo del Estado social.

En consecuencia, o se respeta la democracia (entendida en su doble dimensión de participación cotidiana de la ciudadanía en los asuntos públicos, y de elección de representantes previo compromiso de éstos con un programa electoral verdadero), o se está en política para promocionar los intereses de los más ricos en detrimento de la mayoría (algo que viene a ser la esencia doctrinal del neoliberalismo).

El pueblo griego acaba de decir NO a las negociaciones y a los acuerdos comunitarios suscritos en su nombre por el anterior gobierno derechista de Antonis Samaras. El pueblo griego acaba de decir NO a unas medidas económicas que han estrangulado la economía del país, mientras incrementaban el desempleo, la pobreza y el volumen de deuda pública respecto al PIB. El pueblo griego acaba de decir NO al colosal fracaso cosechado por la ideología económica que han puesto en práctica Nueva Democracia (equivalente griego del PP), el PASOK (partido hermano del PSOE), y todos los foros y cenáculos internacionales ademocráticos que durante los últimos años han designado el camino por el que Grecia debía transitar.

Para cualquier demócrata del mundo, estos argumentos deberían ser suficientes para llegar a la conclusión de que el tiempo de las políticas antisociales ya ha quedado atrás, y que Grecia debe emprender un nuevo rumbo en el que la economía esté al servicio de los seres humanos, y no al contrario. Sin embargo, Europa está plagada de energúmenos autoritarios como el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, que nada más conocer la victoria de Syriza declaró a la ARD que el nuevo gobierno heleno debe cumplir los compromisos comunitarios suscritos por el anterior, si es que quiere seguir recibiendo el dinero del programa europeo de ayuda.

Chantajear al nuevo Gobierno griego desde Bruselas, Washington, Frankfurt o Berlín para que desoiga la voz de su pueblo y en su lugar escuche a los profetas de un dogma económico fracasado, constituye un gravísimo atentado contra la democracia similar en trascendencia a los crímenes cometidos en Europa por aquellos que pretenden atacar el sistema de derechos y libertades del que disfrutamos en el viejo continente.

Grecia ha decidido liberarse de la tortura económica a la que la había sometido la troika durante los últimos seis años. Aunque ha tardado demasiado en llegar, al final el pueblo griego ha recogido el fruto que en su día sembraron los héroes y las heroínas de la plaza Sintagma, y también los niños y niñas que caían desfallecidos en los colegios griegos a causa del hambre, y los millones de trabajadores y trabajadoras que secundaron las treinta huelgas generales convocadas en Grecia desde 2009, y por supuesto, el farmacéutico jubilado Dimitris Christoulas, que el 4 de abril de 2012 decidía suicidarse en una plaza de Atenas porque –según relató en la carta que dejó escrita–, después de haberse pagado una pensión durante 35 años, prefería poner fin a su vida “de esta forma digna, antes que tener que tener que rebuscar comida entre la basura para poder subsistir”.

Por ello, por todo ello, la victoria de Syriza en Grecia es el triunfo de la dignidad, es la reivindicación de la democracia, y sobre todo, es la constatación de que, frente a un modelo económico erróneo que sólo sabe generar multimillonarios, niños famélicos, pensionistas suicidados, trabajadores sin derechos, jóvenes sin trabajo, y enfermos sin médico, es posible levantar una alternativa social que haga prevalecer el sentido común sobre la avaricia de unos pocos.

 

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