Gürtel: pues si ellos mismos lo reconocen…

14. octubre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Algunas personas todavía recuerdan aquellas ruedas de prensa ofrecidas en 2009 por Mariano Rajoy en las que el entonces aspirante a la Presidencia del Gobierno decía que el caso Gürtel era un invento del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. Al parecer, Moncloa, la judicatura, la Policía Nacional, la Guardia Civil, la prensa, el imperio austrohúngaro (Berlanga, ¡cómo te echamos de menos!) y hasta el mismísimo lucero del alba, se habían puesto de acuerdo para conspirar contra un partido político inmaculado.

Sin embargo, la declaración que ayer ofreció Francisco Correa ante el tribunal que juzga la trama Gürtel deja poco espacio para la imaginación: “Reunía a un empresario que nos daba la licitación para ver si la obra podía ser para nosotros, yo se lo pasaba a Luis Bárcenas, que lo gestionaba con el correspondiente Ministerio. Si el empresario conseguía la obra, yo pagaba la comisión del 2% o del 3% a Génova”.

Según las pruebas y la declaración del jefe de la trama (que ayer reconoció que pasaba más tiempo en la sede del PP que en su propio despacho), el Gobierno presidido por Aznar y vicepresidido por Rajoy cometió irregularidades en la adjudicación de numerosas obras públicas, con el fin de financiar ilegalmente al Partido Popular.

Pues bien, a pesar de todo ello, y después de siete años de instrucción, José María Aznar no está sentado en el banquillo de la Gürtel. Ese pirata internacional que quebrantó la ley internacional al apoyar militarmente la destrucción de un país soberano que jamás había atacado a España ni a ningún otro miembro de la OTAN; ese embustero compulsivo que mintió a España diciendo que había armas de destrucción masiva en Iraq, y que el 11-M era obra de ETA; disfruta hoy del mismo privilegio de inmunidad que en su día blindó a Felipe González por el caso GAL. Sería interesante saber quién reparte esas inmunidades y en función de qué criterios.

En cualquier caso, el posible segundo intento de investidura de Mariano Rajoy queda muy dañado por la declaración de Francisco Correa. Puede que el actual líder del PP no haya sido el promotor de unas tramas de corrupción heredadas de tiempos anteriores; es probable, incluso, que intentara acabar con ellas practicando difíciles equilibrios entre la orden plenipotenciaria a Cospedal para defenestrar a Luis y el “Luis, sé fuerte, hacemos lo que podemos”.

Pero lo que está claro es que esos intentos de regeneración se produjeron de puertas adentro (que es como se resuelven las cosas en las organizaciones que creen estar por encima de la ley), y no en forma de colaboración con la Justicia desde el primer minuto de la instrucción de la causa (como hemos visto arriba). Esa es una de las razones que inhabilitan a Rajoy para renovar su mandato como presidente del Gobierno. Sería razonable que lo que queda sano dentro del PP (que a buen seguro, es mucho) dé un paso adelante y proponga un candidato o candidata que no tenga una larga sombra de corrupción al lado de su figura.

 

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