Hablar del todo para no hablar de las partes

5. noviembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Tras haber presentado la semana pasada su manifiesto soberanista, Artur Mas dio ayer un nuevo paso hacia la independencia de Cataluña al afirmar en un mitin de precampaña que, si goza de suficiente apoyo electoral, este proceso “no lo podrá parar nadie, ni los tribunales ni las constituciones que nos quieren poder delante”, ya que en su opinión, “la democracia siempre se impone”.

Un magnífico castillo de fuegos artificiales que lo único que pretende es centrar el debate de la próxima campaña electoral en la independencia de Cataluña, para ocultar la inmensa pérdida de calidad de vida que han sufrido los catalanes y catalanas durante la última legislatura.

Lo que está ocurriendo hoy en Cataluña es un ejercicio de gatopardismo electoral en virtud del cual Artur Mas y su gobierno han desviado la atención hacia el “todo” con el fin de que no se hable de “las partes”, es decir, del euro por receta, del deterioro de los servicios sanitarios y educativos, del aumento de las listas de espera hospitalarias, del rescate de la economía catalana, del 22,56% de desempleo (más de cuatro puntos por encima del existente cuando Mas accedió a la presidencia de la Generalitat) o del alarmante incremento de la tasa de pobreza en Cataluña.

Quienes piensen que Artur Mas y su partido Convergencia Democrática de Cataluña (parece que Unión Democrática de Cataluña no participa del discurso secesionista) van a impulsar la independencia de esta comunidad autónoma tras las elecciones del 25 de noviembre, están muy equivocados. Ni la “C” ni la “U” de CiU osarían jamás promover una línea de acción política que no contara con el beneplácito de la patronal catalana.

La realidad ha descubierto el farol de Artur Mas, que se atreve incluso a pronunciar la palabra “democracia” para intentar granjearse el mayor número de votos posible. Efectivamente, como dice el presidente “la democracia siempre se impone”, pero eso sólo ocurre en las verdaderas democracias, no en las plutocracias neoliberales como la que Mas defiende para España y para Cataluña, y en las que los designios que se acaban cumpliendo no son los del pueblo, sino los del dios Mercado.

Por eso, también resulta ciertamente cínico el otro titular que ayer ofreció Mas. Según el presidente, el desafío soberanista “no lo podrá parar nadie, ni los tribunales ni las constituciones que nos quieren poder delante”. Se le olvidó mencionar que lo pararán, sin apenas despeinarse, las élites empresariales y financieras catalanas, mientras no tengan la absoluta certeza de que la operación independentista les beneficiará económicamente, algo que no les puede garantizar una hipotética Cataluña independiente ubicada fuera de la Unión Europea.

 

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