Hacia unas nuevas elecciones

19. abril 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Todo el mundo sabía que la ruptura del bipartidismo iba a traer consigo la necesidad de diálogo profundo entre las fuerzas políticas de nuestro país. Sin embargo, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos han decidido darse la espalda mutuamente, y dársela a la realidad, desde que se conoció el escrutinio del 20D. Unos eran inexpertos, y otros querían que el multipartidismo fracasara.

Tal como cabía esperar, con su rotunda negativa a que Podemos apoye un pacto PSOE-Ciudadanos, la militancia del partido morado ha puesto el último clavo en el ataúd de una legislatura fallida. Pero antes de eso, Pedro Sánchez y Albert Rivera habían propuesto a Pablo Iglesias su inviable acuerdo como una especie de trágala, al que sólo cabía responder “sí” o “no” en su integridad. Pero antes de eso, Iglesias presentó a los medios primero y a Sánchez después, una propuesta de gobierno PSOE-Podemos sin haber conversado antes con los socialistas. Pero antes de eso, Pedro Sánchez se había negado a entablar una negociación con Rajoy, a pesar de compartir con él las sólidas bases del nuevo artículo 135 de la Constitución.

Gracias a la incapacidad de nuestros dirigentes para dialogar con otros partidos, la XI Legislatura pasará a la historia como aquella en la que la pluralidad política dio paso a la ingobernabilidad institucional. Ni el soplo de aire fresco de los emergentes ha sido para tanto, ni los dos grandes partidos clásicos han sabido rectificar las causas de la desconfianza que generan.

Así las cosas, la ciudadanía debe prepararse para un nuevo proceso electoral en el que los aspirantes a la presidencia del Gobierno volverán a prometer lo que han demostrado no ser capaces de cumplir. Rajoy seguirá siendo el mayor experto en navegación sobre aguas procelosas. Sánchez continuará con su doctorado en ilusionismo. Rivera volverá a bordar su papel de conejo en chistera ajena. Iglesias conservará su actitud chulesca y arbitraria, aunque ésta conduzca a la dilapidación de la experiencia democrática y horizontal del 15M. Garzón tratará de mantener un discurso coherente al margen de inmovilistas y de buscadores de atajos. Y la España centrífuga insistirá en distanciarse de la España carpetovetónica puesto que, en magnetismo, los polos iguales se repelen.

Mientras tanto, que nadie se preocupe: el gobierno económico del país sigue en manos de los inversores internacionales, de las agencias de calificación, de los accionistas de las sicav, de los fondos buitre, de los evasores fiscales y de las empresas del Ibex 35. Nada que temer.

 

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