Hagámoslos callar

3. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Parlamento Europeo siempre ha estado rodeado por un halo de desprestigio. A pesar de ser la única institución comunitaria de elección directa, su capacidad legislativa sigue siendo muy limitada, lo que provoca la percepción de ser el órgano consultivo más caro del planeta.

Este desprestigio aumenta al saber que algunos especímenes como Janusz Korwin-Mikke han conseguido escaño como eurodiputados.

Un tipo como este polaco de ridícula pajarita y mente podrida, abiertamente racista, nazi, xenófobo, negacionista del holocausto, antisemita, anticomunista y decimonónicamente machista, no debería estar sentado en un lugar reservado para demócratas; mucho menos después de haber dicho este miércoles que “las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes”.

Solo puede decir esto quien no conoce a ninguna mujer, o quien tiene el cerebro tan descompuesto que es incapaz de comprender la realidad que le rodea.

En cualquier caso, el eurodiputado Korwin-Mikke no debe permanecer ni un día más en su escaño. En primer lugar, porque no aporta nada útil. En segundo lugar, porque avergüenza a los 500 millones de personas a las que representa. En tercer lugar, porque sus delirios políticos son totalmente incompatibles con una institución que, a pesar de todos sus defectos, aspira a ser referente de democracia, de igualdad, de respeto, de civilización y de justicia. Y en cuarto lugar, porque sus palabras pueden inspirar a todos esos homínidos dispuestos a “disciplinar” (a veces, hasta la muerte) a aquellas mujeres que no asuman su papel “secundario” en la sociedad.

Por eso, ya no basta con sanciones temporales y multas, como las recibidas hasta ahora por este eurodiputado no inscrito. Janusz Korwin-Mikke debe ser expulsado de su escaño y de la política, y con él los aproximadamente 505.000 votantes polacos que hicieron posible su presencia en la Eurocámara.

En cualquier caso, no hay que olvidar que los personajes como Korwin-Mikke se alimentan de la polémica que son capaces de generar, ya que sus limitaciones intelectuales les impiden aportar a la sociedad un discurso coherente y fundamentado. Por ello, lo mejor es que la sociedad los haga callar con su indiferencia.

Algo parecido a lo que ocurre con la asociación fundamentalista católica HazteOir y su polémico autobús tránsfobo paralizado por orden judicial en Madrid. Con el propósito de no darles unas alas que no merecen, sólo diremos de ellos que su aportación a la sociedad sería más útil si utilizaran los millones de euros que reciben cada año para personarse como acusación particular en los casos de los sacerdotes pederastas, en lugar de andar por ahí martirizando a los niños y niñas cuyo sexo psicológico no coincide con el biológico.

 

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