Hartos del Estado de Israel

10. julio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Más allá de los privilegios de los que gozan los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, existe un país que goza de una absoluta impunidad; un país cuyos actos criminales no se traducen en ningún tipo de sanción deportiva, económica o política; un país que funciona con arreglo al principio bíblico del “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Exodo, 21:24), aunque ligeramente modificado por la aportación nazi del “mataremos a veinte de los vuestros por cada uno de los nuestros que matéis”.

La comunidad internacional ha determinado que las actuales fronteras del Estado de Israel son ilegales, que la construcción del muro de Cisjordania es ilegal, que los asentamientos de colonos en los territorios ocupados son ilegales. Sin embargo, todavía no se ha producido ninguna respuesta punitiva respecto a un Estado que se cree situado por encima de la ley que afecta a todos los demás.

El origen de esta última crisis, el secuestro y posterior asesinato de tres jóvenes israelíes a manos de agresores desconocidos, supone un acto criminal execrable y carente de cualquier tipo de justificación, pero la respuesta de un Estado moderno no puede ser la venganza, ni la represalia indiscriminada, sino la investigación policial para poner a los culpables a disposición de la Justicia. España podría dar lecciones al Estado de Israel acerca de cómo acabar con una sanguinaria banda terrorista a base de perseverancia judicial, firmeza democrática, serenidad institucional y respeto al Estado de Derecho.

Sin embargo, Israel ha optado por bombardeos masivos sobre el campo de concentración en el que ha convertido a la Franja de Gaza, posible preludio de una invasión terrestre que, por pavorosa e injusta, se convertirá en una nueva fábrica de yihadistas al servicio del primer demente medievalófilo que les prometa conducirles hasta la completa victoria islámica sobre el enemigo infiel.

Y todo seguirá igual, o peor.

Del mismo modo que deberían acabar ante la Justicia los asesinos de los tres jóvenes colonos y los responsables de los lanzamientos de cohetes sobre territorio israelí, los bombardeos indiscriminados sobre Gaza son actos criminales que los tribunales deberán juzgar algún día.

La opción de dar una respuesta militar a lo que debería haber sido una respuesta policial, además de decir muy poco a favor de la eficacia de los servicios de información israelíes, ha supuesto hasta el momento la muerte de 42 palestinos, la mayoría de ellos civiles, incluidos diez niños. Por ello, la población mundial está cada vez más harta de un Estado que en lugar de aportar paz y compromiso con las normas de la comunidad internacional, sólo es capaz de generar altanería, horror, injusticia, venganza y muerte.

 

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