Hasta siempre y gracias, Madiba

6. diciembre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Decía el pensador irlandés Edmund Burke (1729–1797), que “lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada”. Hubo una vez un hombre bueno nacido en Transkei que decidió hacer algo contra las leyes, tan legales como injustas, que imponían la segregación racial en Sudáfrica.

Ese paso adelante contra la injusticia en su más pura esencia, es decir, en la discriminación de los seres humanos a partir de su condición biológica, llevó a Nelson Mandela “Madiba” a una pena de cadena perpetua que, lejos de aniquilarle como persona, sirvió para fortalecer sus principios éticos y para alimentar extramuros su leyenda de luchador por la libertad, la democracia y los Derechos Humanos.

A otros luchadores como Steve Biko, Marcus Motaung, Jerry Mosololi, Simon Mogoerane o los 572 manifestantes negros asesinados por la policía sudafricana en la Matanza de Soweto (16 de junio de 1976), les fue negada la posibilidad de sobrevivir al apartheid.

La reacción natural de la mayoría de los seres humanos al tomar las riendas de un país después de haber vivido en propia carne tantas décadas de horror, sufrimiento, injusticia y tiranía, seguramente hubiera sido la de responder a los antiguos opresores con los mismos argumentos.

Pero Nelson Mandela no era como la mayoría de las personas, y esa es precisamente la causa por la cual hoy el planeta entero llora su muerte. Madiba era ante todo un humanista, y por eso siempre antepuso al ser humano, en su sentido integral y absoluto, frente a cualquier otra circunstancia racial, económica, social o cultural.

Además de su humanismo, las otras dos componentes que ayudaron a forjar el legado de un hombre ejemplar fueron una honestidad a prueba de tentaciones y una humildad directamente proporcional a su grandeza. Sólo desde esta atalaya de autoridad moral resultaba posible neutralizar las aspiraciones excluyentes de los extremistas, ya fueran éstos blancos o negros, en aras de un bien superior: la pacífica convivencia de todos los sudafricanos en su hermosa tierra.

Sin duda, los sucesores de Mandela en la presidencia de Sudáfrica habrán estado y estarán expuestos en el futuro a las tentaciones propias de todo gobernante: ambición, avaricia, autoritarismo, iniquidad,… Sin embargo, el ejemplo del magnífico ser humano que ayer murió en Johannesburgo será un perfecto referente para su acción política.

Por todo ello, hasta siempre, Madiba, y muchas gracias. Que la tierra te sea leve.

 

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