Héroes y defraudadores

5. diciembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Ya casi nadie pone en duda que el fútbol se ha convertido en el equivalente de aquel circo de la antigua Roma que, aderezado con pan, servía como tranquilizante de masas. Ningún abuso del poder es lo suficientemente importante como para indignar a una población entretenida con partidos del siglo, goles fabulosos, polémicos penaltis y regates imposibles.

Los grandes futbolistas, como los buenos gladiadores, se convierten en héroes del populacho, concitando la admiración nacional y transformándose en modelo para millones de personas. Es entonces cuando todos los engranajes del negocio comienzan a funcionar. Una “noticia” sobre el entrenamiento ordinario de cualquier equipo famoso ocupa más espacio televisivo que la crónica de un desahucio inmobiliario o que el último informe oficial sobre el avance de la pobreza en el mundo.

El poder narcótico del fútbol es tan grande que no sólo está en condiciones de ocultar los verdaderos problemas de una sociedad alienada, sino que incluso es capaz de minimizar aquellas informaciones que convierten a los héroes del balompié en villanos de juzgado.

El delincuente Leo Messi fue condenado este año a 21 meses de cárcel por defraudar a Hacienda 4,1 millones de euros durante los ejercicios 2007, 2008 y 2009. Hoy sigue siendo aclamado desde la grada como si nada de eso hubiera ocurrido.

Este sábado fue publicado en varios medios europeos, entre ellos, el diario El Mundo, la noticia sobre la investigación fiscal que se sigue contra Cristiano Ronaldo por haber evadido, presuntamente, 150 millones de euros al paraíso fiscal de las Islas Vírgenes.

La respuesta oficial no se ha hecho esperar: un juez de Madrid, concretamente, el magistrado Arturo Zamarriego, del Juzgado de Instrucción número 2 de Madrid, ha prohibido a El Mundo seguir informando sobre este asunto, en lo que supone un ataque frontal contra el derecho a la información reconocido en el artículo 20 de la Constitución Española. El juez se escuda en que los datos publicados podrían haberse obtenido ilegalmente a través del hackeo de los ordenadores de la firma Senn Ferrero (asesoría de CR7), sin tener en cuenta que los propios documentos presuntamente sustraídos podrían ser la prueba de un delito mucho más grave, y por supuesto, ignorando la doctrina del Supremo que dice que el derecho a la información prevalece sobre el derecho a la intimidad en cuanto a la presunta comisión de delitos por parte de figuras públicas.

Esa es una de las tragedias de la sociedad actual: admira más a los que la defraudan con su mal ejemplo, que a quienes informan sobre sus delitos, ya sean éstos presuntos o acreditados.

Pero volviendo a la reacción social que esta información ha provocado, resulta desolador pensar que un hipotético dopaje protagonizado por el mismo personaje hubiera alarmado mucho más a la ciudadanía que la presunta evasión fiscal denunciada el sábado.

Y es que lo de pagar impuestos parece una broma, pero es posible que futbolistas defraudadores y ciudadanos defraudados cambiaran de actitud si fueran conscientes de una circunstancia: entre quienes vitorean en la grada a sus héroes balompédicos, quizá haya alguien que podría salvar la vida si le diagnosticaran a tiempo la enfermedad que aún no sabe que padece, porque ese futbolista al que aclama ha evadido los impuestos necesarios para ayudar a reducir las listas de espera en la sanidad pública.

 

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