Hipocresía real

4. junio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

España ostenta el humillante demérito de ser el único país de Europa que no venció al fascismo. El estanque cultural putrefacto en el que se ahogaron durante siglos las ansias de progreso de unos pocos, fue el mejor argumento para que un genocida llamado Franco se perpetuara en el poder durante cuarenta años, desde el momento en el que acabó con la democracia española, y hasta el mismo día de su muerte natural.

Otros cuarenta años han transcurrido desde aquel glorioso instante en el que Arias Navarro anunciaba la muerte del asesino; los mismos que han hecho falta para que el supuesto Jefe del Estado de todos los españoles realice un homenaje a algunos de los compatriotas republicanos que consagraron su vida a luchar por la democracia y contra el fascismo.

Un homenaje tardío que, para mayor vergüenza de esa España que se molesta porque se pite al himno heredado de la dictadura pero no por la permanencia de los huesos de miles de demócratas bajo las cunetas y los barrancos de este país, tuvo que celebrarse ayer en suelo francés, con motivo de la inauguración del Jardin des combattants de La Nueve en los aledaños del Ayuntamiento de París.

¿Hasta dónde llega la hipocresía de la Corona de España? En un país formalmente democrático como el nuestro, ¿todavía es imposible que el Jefe del Estado homenajee en suelo patrio a los demócratas que defendieron la legalidad constitucional republicana frente al zarpazo asestado por Franco y sus compinches? ¿Cuántos años más deben pasar para que los partidarios de la España democrática de 1931 reciban el reconocimiento histórico que merecen? ¿Hasta qué altas instancias económicas e institucionales llega todavía hoy la alargada sombra del caudillo genocida? ¿Qué servidumbres mantiene la Casa Real con aquellos a los que debe su restauración a la Jefatura del Estado?

Preguntas a las que, en un ejercicio de transparencia política, quizá debería responder Felipe VI.

 

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