Holanda: derrota demoscópica, democrática y socialdemócrata

16. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Quizá las empresas demoscópicas perviertan sus pronósticos en función de oscuros intereses político-económicos. O quizá -simplemente- la realidad social sea algo tan complejo e inabarcable que todavía no se ha descubierto la manera de traducirla en un número o en un porcentaje.

Lo cierto es que las encuestas electorales han vuelto a fallar, esta vez en Holanda. Frente al “empate técnico” (curioso concepto) que auguraban entre el popular Rutte y el ultraderechista Wilders, la sociedad holandesa ha decidido otorgarle un 21,2% de los votos al primero y un 13,1% al segundo, en unos comicios que han registrado 8 puntos más de participación que los anteriores.

De este modo, los medios de todo el mundo pueden hablar hoy de una victoria de la democracia sobre el neofascismo, aunque pasando de puntillas por el hecho de que el VVD de Mark Rutte ha perdido 11 escaños, y que el PVV de Geert Wilders ha ganado 5, hasta llegar a los 20 que le permiten situarse por primera vez como segunda fuerza del Parlamento holandés.

Por lo tanto, que nadie toque las campanas para celebrar un triunfo de la democracia, porque cuando las campanas dejen de tocar, la ultraderecha seguirá estando ahí, alimentada por las políticas neoliberales que sólo saben romper el Estado del Bienestar, minimizar la cultura, precarizar el empleo, y mover el odio de la población hacia los inmigrantes, y no hacia los banqueros, inversionistas y grandes empresarios, verdaderos culpables de la creciente desigualdad social.

Precisamente por ello, frente a las derrotas menores de la demoscopia y de la democracia, la gran derrotada de las elecciones holandesas de ayer fue la socialdemocracia, un polo ideológico que se quedó sin discurso y sin alternativa desde el momento en que se arrodilló ante el credo neoliberal. El Partido del Trabajo holandés (PvdA) acaba de perder 29 de sus 38 escaños, después de haber formado gobierno de coalición con el popular Rutte durante la última legislatura.

En cualquier caso, y sirva esto como aviso a navegantes franceses y alemanes, la ultraderecha sólo puede avanzar en Europa a lomos del descrédito de los partidos que han ejercido tareas de gobierno, y éstos sólo pueden desacreditarse ante sus votantes si continúan obedeciendo a los grandes poderes económicos, en lugar de hacerlo al electorado que les ha ordenado gestionar el poder político en función del interés general, y si fuera posible, con algo de honestidad.

 

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