Holanda, Turquía y el autoritarismo

13. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El próximo 16 de abril, 55 millones de turcos podrán manifestarse en referéndum sobre la reforma constitucional que promueve el primer ministro islamista Recep Tayyip Erdogan para cambiar el actual sistema parlamentario por otro presidencialista. 300.000 de esos turcos con derecho a voto residen en Holanda. A ellos iba a hablarles el ministro de Exteriores turco Mevlüt Çavusoglu, cuando las autoridades holandesas denegaron el permiso de aterrizaje al avión que lo transportaba hasta Rotterdam.

Tampoco han podido escuchar a la ministra turca de Familia, Fatma Betül Sayan Kaya, que al conocer los problemas de su homólogo de Exteriores, decidió cruzar en coche la frontera entre Alemania y Holanda, para ser expulsada poco después por las autoridades de este último país.

Inaudito conflicto diplomático entre dos países formalmente democráticos que formalmente reconocen la libertad de expresión.

No le falta razón a Çavusoglu cuando dijo que “estas prácticas son racismo; son xenofobia, hostilidad al Islam, vulneración de la democracia, violación de las libertades”.

Huelga decir que con esta medida arbitraria, el gobierno holandés de Mark Rutte ha aportado casi 300.000 votos a favor de la reforma constitucional autoritaria de Erdogan. Huelga decir que, si este cambio normativo sale adelante, los xenófobos de la UE tendrán un motivo más para bloquear la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Y huelga decir también que la decisión autoritaria de Mark Rutte hay que entenderla en el contexto de las elecciones generales que se celebran el próximo miércoles en Holanda, y en el que los populares del actual primer ministro Rutte se disputan el triunfo con la formación del ultraderechista Geert Wilders.

En cualquier caso, un gobierno democrático de la UE ha impedido que se expresaran libremente en su territorio los representantes institucionales de otro gobierno elegido en las urnas. Un precedente nefasto para una Unión Europea que, para frenar el avance ideológico de déspotas y sectarios, debería dar ejemplo haciendo todo lo contrario de lo que acaba de hacer el gobierno holandés.

 

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