Hugo Chávez: la muerte de un demócrata

6. marzo 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Ayer murió en Caracas Hugo Chávez, el máximo referente actual del socialismo democrático en todo el mundo. Ayer murió el presidente que se atrevió a colocar el poder político surgido en las urnas por encima del poder empresarial, algo que molesta notablemente a los partidarios de que las oligarquías plutocráticas impongan la hoja de ruta a los gobernantes nacionales, tanto si éstos han sido elegidos en las urnas como si no.

Hugo Chávez se atrevió a decir en la tribuna de la Asamblea General que un criminal de guerra y violador de la Carta de las Naciones Unidas llamado George W. Bush había dejado allí olor a azufre infernal.

Hugo Chávez se atrevió también a redistribuir la riqueza del país entre su pueblo, una línea que deberían seguir muchos mandatarios occidentales después de comprobar empíricamente que el modelo neoliberal por el que han optado solo es capaz de incrementar las diferencias económicas y sociales entre ricos y pobres.

Hugo Chávez se atrevió a liderar en 1992 un pronunciamiento militar contra el gobierno de un delincuente llamado Carlos Andrés Pérez (amigo personal del ex presidente español Felipe González), que cuatro años después sería condenado por corrupción.

Hugo Chávez se atrevió a trascender las fronteras de su amada patria venezolana para difundir un mensaje de justicia social en el resto de Latinoamérica, región azotada en su totalidad tanto por el imperialismo norteamericano como por el autoritarismo de las oligarquías locales.

El único lunar de sus mandatos como presidente radica en el hostigamiento hacia los medios de comunicación hostiles, ya que las libertades de expresión y de prensa deben mantenerse intactas aunque quienes las ejercen actúen como meros propagadores de mentiras al servicio de un imperio extranjero. La posibilidad de denunciar por injurias y calumnias a quienes han olvidado la ética de la profesión periodística debería ser suficiente argumento institucional.

En cualquier caso, suenan algo hipócritas las críticas que han realizado a Chávez aquellos gobernantes y creadores de opinión “perfectamente democráticos” a quienes, sin embargo, no importan lo más mínimo la democracia ni los Derechos Humanos, puesto que sólo buscan la pervivencia de una economía de mercado en las peores condiciones posibles para los trabajadores y trabajadoras. China, Arabia Saudí, Honduras, Marruecos o México (todos ellos aliados de las principales empresas norteamericanas y europeas) suponen una amenaza infinitamente mayor para la democracia y para los Derechos Humanos que la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez, a pesar de que sus gobernantes no reciben la menor crítica por parte de los mandatarios occidentales.

Tras el duelo, la palabra la volverá a tener el pueblo de Venezuela. Seguramente, la Revolución bolivariana (hija por igual de los grandes movimientos emancipatorios europeos y americanos, y de la Teología de la Liberación que surgió en la Iglesia católica latinoamericana a finales del siglo XX) seguirá adelante ya que las aspiraciones de justicia social de todo un pueblo superan ampliamente a la figura de un solo gobernante, por muy trascendental que éste haya resultado para su país y para la región geoestratégica a la que pertenece.

 

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