Indiferencia homicida

18. enero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El artículo 195 del Código Penal español castiga con la pena de multa de tres a doce meses a quien “no socorriere a una persona que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave, cuando pudiere hacerlo sin riesgo propio ni de terceros”. Este delito de omisión del deber de socorro tiene preceptos hermanos en las legislaciones de países como Francia, Italia, Suiza o Alemania.

Sin embargo, tanto la Unión Europea como los gobiernos que la componen han optado por la indiferencia respecto a las “personas que se hallan desamparadas y en peligro manifiesto y grave” en los campos de refugiados del sur del continente.

Según varias agencias de Naciones Unidas como ACNUR o la OIM, el temporal de bajas temperaturas ha segado ya la vida de, al menos, 12 refugiados en los campamentos de Grecia, Turquía y Bulgaria. Por ello, a la indiferencia gubernamental europea con los refugiados, se le une el apellido de “homicida”.

El neoliberalismo está alterando el clima político en la Unión Europea, hasta el punto de convertirla en una región donde la xenofobia prevalece sobre el respeto a los Derechos Humanos. Una región plagada de neonazis alemanes amenazando a Merkel por su política de acogida; de obispos españoles diciendo que “no todo lo que viene es limpio” (como si en el interior de su Iglesia lo fuera…); y de masas descerebradas afirmando sin pruebas que los extranjeros reciben más ayudas sociales que los españoles, simplemente, por ser extranjeros.

Especial mención merece el cruce de acusaciones entre la Unión Europea y el gobierno griego. La primera ha incumplido todos sus compromisos para la recolocación de refugiados (lo que ha permitido que algunos hayan muerto de frío mientras esperan), mientras que el segundo (formado por una coalición entre izquierdistas desteñidos y derechistas xenófobos) está tratando como un trámite administrativo lo que en realidad es una tragedia humanitaria.

Algún día, se volverá contra Europa el odio que se está acumulando entre quienes han visto morir de frío a sus seres queridos, estando a tan sólo unos metros de la opulencia. Quizá entonces algún historiador sea capaz de investigar las causas.

 

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