Indignadísimos

14. octubre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Una nueva oleada de manifestaciones ciudadanas, apartidistas pero totalmente políticas (en el sentido democrático del término), tomará mañana las calles de casi 1.000 ciudades en todo el mundo para reclamar que vuelva al pueblo la soberanía recientemente arrebatada por los Mercados y por sus cómplices institucionales.

 

Tras el rotundo éxito en España de las movilizaciones del 15 de mayo y del 19 de junio, es de esperar que esta nueva convocatoria reciba un apoyo ciudadano todavía más multitudinario.

 

La razón es doble.

 

Por una parte, la realidad ha dado la razón a los indignados en el sentido de que todas las medidas antisociales puestas en marcha por nuestros gobernantes, con o sin el apoyo de UGT y CCOO (reforma laboral, reforma de pensiones, reducción del gasto público, elevación de los impuestos indirectos, etc.) sólo han servido para incrementar el paro, para rebajar derechos laborales y sociales, para empeorar la cantidad y la calidad de los servicios públicos, y para aumentar los beneficios empresariales y financieros de unos cuantos desalmados.

 

Particularmente estrambótico resulta, por ejemplo, que un sábado los principales 37 empresarios y banqueros le “sugieran” a Rodríguez Zapatero que privatice parcialmente Loterías y Apuestas del Estado, y que el viernes siguiente esta medida sea aprobada por el Consejo de Ministros, sin que –diez meses después– haya redundado en la creación de empleo. Lo mismo se podría decir de todas las demás ocurrencias económicas del Gobierno de España, de los diversos gobiernos autonómicos y locales, y de quienes mueven los hilos de todos ellos escondidos entre las oscuras bambalinas del poder.

 

Por otra parte, acaba de producirse un hecho que supone un punto de ruptura en el consenso democrático con el que se aprobó la Constitución Española. Un día cualquiera Merkel y Sarkozy “sugieren” que habría que fijar topes constitucionales al gasto público en Europa, y semanas después PSOE y PP pactan una reforma de nuestra Carta Magna en este sentido, sin la menor intención de consultar al pueblo soberano para su ratificación. Anecdóticamente, cabría señalar que esta medida tampoco ha traído consigo la creación de empleo.

 

Las razones –pues– para estar indignados han aumentado respecto a las que existían el 15 de mayo de 2011. Esperemos que mañana la ciudadanía de nuestro país siga teniendo el valor de manifestarse pacíficamente contra un modelo económico que la empobrece y que le arrebata los derechos y libertades conseguidos durante décadas de lucha y de constancia democrática.

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