Información versus propaganda

13. septiembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Las épocas de gobierno del Partido Popular suelen ser nefastas para las radiotelevisiones públicas de los territorios sobre los que se extienden sus mandatos. De hecho, una de las primeras medidas adoptadas por el régimen de Rajoy fue anular todas las cautelas legislativas introducidas por el gobierno de Zapatero para garantizar la independencia de RTVE respecto al poder político.

Desde hace casi cinco años, venimos recogiendo los frutos de aquel despropósito, en forma de tertulias políticas parciales, informativos manipulados y profesionales marginados por practicar la independencia que su oficio requiere.

El último de estos represaliados ha sido Gabriel López, redactor de Nacional en el Telediario, que acaba de ser trasladado a Los Desayunos de La 1 tras haber caído en desgracia por negarse a firmar una información desnaturalizada sobre las escuchas al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, cuando conspiraba en su despacho con el entonces director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso.

La protesta del redactor en aquel momento se debía a la negativa de la dirección de Informativos de incluir en la pieza los audios de estas escuchas, unos elementos de indudable interés informativo que, además, ya estaban siendo difundidos por todas las cadenas privadas del país.

Se produce así una contradicción flagrante entre los trabajadores de una radiotelevisión pública que velan por “la independencia, objetividad y veracidad de los contenidos” (tal como promociona el ente a través de su página web), y unos directivos escogidos para custodiar los intereses partidistas del gobierno que los ha nombrado. Incluso podría interpretarse que dedicar una parte del presupuesto de RTVE, a mostrar siempre la buena cara informativa del partido en el gobierno, constituye un delito de malversación de fondos públicos.

En cualquier caso, la pena que jamás esperan recibir quienes así actúan, es la de pérdida de votos por este motivo. Es la tranquilidad que da ser autoridad o funcionario público en un país que nunca ha valorado su derecho a recibir información veraz, independiente y objetiva.

 

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