Instalados en el inmovilismo

23. noviembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó ayer una resolución política en la que dice al Congreso de los Diputados que “es urgente la reforma de nuestra legislación sobre el matrimonio” ya que en su opinión, la actual es “gravemente injusta, porque no reconoce netamente la institución del matrimonio en su especificidad, y no protege el derecho de los contrayentes a ser reconocidos en el ordenamiento jurídico como ‘esposo’ y ‘esposa’, ni garantiza el derecho de los niños y de los jóvenes a ser educados como ‘esposos’ y ‘esposas’ del futuro, ni el derecho de los niños a disfrutar de un padre y de una madre en el seno de una familia estable”.

En un patético intento de manipular la realidad para arrimar el ascua a su tradicional sardina, los obispos españoles llegan incluso a afirmar que “sin la familia, sin la protección del matrimonio y de la natalidad, no habrá salida duradera de la crisis”, dando a entender que es el matrimonio homosexual el culpable de una crisis económica en la que, según los prelados, poco tiene que ver un modelo erróneo basado en la santísima trinidad neoliberal, es decir, Desregulación–Recorte–Privatización.

Seguramente, muchos pensaron hace 57 años que el hecho de que una negra llamada Rosa Parks se sentara en un asiento reservado para blancos en un autobús urbano de Montgomery (Alabama) desvirtuaba el concepto de transporte público. Del mismo modo, hoy algunos opinan que el hecho de que se casen dos personas del mismo sexo desvirtúa el concepto de matrimonio.

Lo grave no es opinar de forma distinta a la mayoría, sino utilizar una atalaya esotérica para intervenir en la vida civil con el propósito de influir en el poder legislativo para que imponga a todos los ciudadanos y ciudadanas, creyentes o no, el modo de vida ideado por quienes se arrogan el papel de representantes de una determinada deidad en el planeta Tierra. Es el fanatismo irracional de quienes intentan marcar directrices vitales no sólo a sus propios fieles (lo cual sería lógico, y hasta respetable) sino también a esa porción infinitamente mayor de seres humanos que evolucionan en el seno de una Humanidad cada vez más libre y responsable de sí misma.

El Tribunal Constitucional se ha pronunciado diciendo que el matrimonio entre personas del mismo sexo es perfectamente legal, ya que no anula los derechos de las personas heterosexuales (que podrán seguir casándose como siempre lo han hecho), al tiempo que amplía los derechos de las personas homosexuales (que pudieron empezar a casarse desde que la ley entró en vigor). Por si este argumento no fuera suficiente para los obispos españoles (que demostrarían así un desprecio por las más altas instancias judiciales del país en el que ejercen su labor pastoral), hay otro todavía más claro: el matrimonio homosexual, simplemente, es.

 

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