Investidura y herencia recibida

25. enero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El estrambótico proceso de investidura que estamos viviendo tras el 20-D tiene mucho que ver con la herencia recibida de la legislatura anterior. La arrogancia con la que el PP ejerció su mayoría absoluta, la aprobación de medidas económicas antisociales que sólo consiguieron salvar el culo a los culpables de la crisis mientras aumentaban las desigualdades sociales en el conjunto del país, la insensibilidad institucional ante las consecuencias de estas políticas y el desprecio ante los movimientos ciudadanos que las denunciaban, están imposibilitando ahora el diálogo entre adversarios.

De esta herencia recibida forma parte también el monumental engaño programático que Rajoy y su equipo pergeñaron para ganar las Generales de 2011, y que trajo como consecuencia el mayor ajuste antisocial de la historia reciente de España.

La reacción social en cadena frente a este atropello, cristalizó en una nueva opción política nacida para superar a la “casta” PP-PSOE, pero que ahora anda suplicando cuatro ministerios y una vicepresidencia a la mitad de esa “casta”.

La aparición de Podemos hizo que los grandes poderes financieros y mediáticos construyeran un contrapeso en el hemisferio derecho del arco político, convirtiendo a un locuaz diputado autonómico catalán, en todo un partido de implantación estatal.

Y así, desdoblado el bipartidismo, y con la izquierda alternativa secuestrada de nuevo en las mazmorras de la Ley d’Hondt (otra “herencia recibida”, en este caso, de la España preconstitucional), ya tenemos el dramatis personae de la rocambolesca semana de contactos institucionales que a la que acabamos de asistir.

Es evidente que las urnas han dicho “no” a las cosas que ocurrían cuando el PP tenía mayoría absoluta. La pérdida de 63 escaños en la bancada popular significa que la reforma laboral, la ley mordaza, la lomce y el parche añadido al artículo 135 de la Constitución deben ser derogados a la mayor brevedad posible, y sustituidos por otras normas que cuenten con el mayor consenso posible en las nuevas Cortes Generales.

Por otro lado, los nacionalismos de derechas que ayer servían como bastón parlamentario de socialistas y populares, hoy se han convertido en independentistas. Esa situación exige, por un lado, una reforma de la ley electoral hacia la proporcionalidad, y por otro, un esfuerzo de la izquierda y de la derecha para pactar normas que traigan bienestar, dignidad laboral, libertad y justicia social a los todos los hogares de nuestro país, empezando por los que hoy más carecen de ellas ¿Serán capaces de ello los 350 diputados y diputadas que acabamos de elegir, o tendremos que elegir a otros 350?

 

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