Jean-Claude I, el breve

13. noviembre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El escándalo del Luxleaks ha puesto en cuestión a Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, cuando todavía no han transcurrido ni siquiera dos semanas desde su toma de posesión. Parece que entre los socios europeos no ha sentado demasiado bien la noticia de que, mientras Juncker era primer ministro de Luxemburgo, su país compitiera deslealmente con el resto de miembros de la UE, ofreciendo a las multinacionales acuerdos fiscales secretos para tributar menos.

En el poco probable caso de que los socialistas, los populares y los liberales del Parlamento Europeo experimentasen un ataque de ética y acordasen la destitución de Juncker, el luxemburgués pasaría a la historia como Jean-Claude I, el breve, pero hay pocas esperanzas de que se produzca esta circunstancia. Cuando los tres grupos mayoriarios de la Eurocámara apostaron por Juncker para sustituir a Durao Barroso al frente de la Comisión Europea, ya sabían que el exprimer ministro de Luxemburgo representaba la antítesis de lo que Europa debe ser.

Con Juncker no hay margen alguno para que la UE se consolide como una región comprometida con el principio de redistribución de la riqueza, con el bienestar de la población, con la solidaridad internacional y con la sostenibilidad social y medioambiental de la actividad económica. Por el contario, la trayectoria de este personaje como primer ministro luxemburgués indica una apuesta política e ideológica para que los ricos sean cada vez más ricos, a costa del paulatino empobrecimiento del resto.

Pero además de ultraliberal, Juncker es un grandísimo hipócrita. En una entrevista concedida al diario francés Le Figaro el 29 de julio de 2012, Juncker decía cosas como que “vivimos en la dictadura del corto plazo”, “yo sostengo que los mercados se equivocan hoy de la misma manera que se han equivocado siempre: torpemente”, o “todos los países de la Eurozona están recortando sus déficits y consolidando sus finanzas ¡Es exactamente lo que los mercados querían hace algunos meses”. El problema radica en que mientras Juncker afirmaba esto, el gobierno luxemburgués presidido por él estaba concediendo privilegios fiscales a las multinacionales.

Por ello, existen muchas posibilidades de que Juncker no pase nunca a ser conocido como Jean-Claude I, el breve. De hecho, resulta llamativo que un paraíso fiscal como Luxemburgo, que representa el 0,01% de la población comunitaria, el 0,06% de la superficie, y el 0,21% del PIB, sea el lugar de procedencia del 25% de los presidentes de la Comisión Europea que han ejercido hasta el momento (3 de 12).

Esta Unión Europea no es la Unión Europea de la ciudadanía, de los derechos sociales o del bienestar; es la Unión Europea de los Mercados, de la desigualdad social y de los gobernantes mentirosos, un caldo de cultivo idóneo para tipos como Juncker.

 

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