Juan Rosell o el arte de la buhonería

23. julio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Era realmente difícil superar el listón de un presidente de la patronal española encausado como presunto delincuente en varios procesos judiciales. Sin embargo, el actual líder de la CEOE ha aportado un plus al cargo que ocupó Gerardo Díaz Ferrán hasta diciembre de 2010. No se ha demostrado todavía que Juan Rosell sea un presunto delincuente como su antecesor, pero lo que sí queda claro es que nos encontramos ante un experimentado buhonero capaz de vender conceptos vacíos y soflamas demagógicas cada vez que abre la boca.

En su último discurso, ofrecido ayer en la asamblea general ordinaria de la Asociación de Empresas de Electrónica, Tecnologías de la Información, Telecomunicaciones y Contenidos Digitales (Ametic), Rosell reiteró su histórico planteamiento de que los trabajadores más veteranos deben ceder parte de sus derechos laborales consolidados a las nuevas generaciones que se incorporan a un mercado de trabajo caracterizado por la precariedad.

Tras explicar al auditorio que, según sus cuentas, en estos momentos hay en España once millones de trabajadores con derechos (caricaturizados por Rosell como “padres y abuelos”) y otros cuatro en precario (a los que definió como “hijos y nietos”), el presidente de la patronal se atrevió a preguntar si “¿serían capaces estos once millones de transferir parte de sus derechos a estos cuatro, de forma que unos perdieran y otros ganasen, y así tendríamos más o menos las mismas reglas de juego y consideraciones?”.

Quien se atreve a verbalizar tan solemne majadería no debería estar habilitado para ocupar ningún puesto de relevancia pública. Pero en este país, todo es posible: desde contemplar a un padre de familia cincuentañero contratado como mozo de almacén durante dos horas y media al día por seis euros la hora, hasta escuchar a un presidente de la patronal que regatea sobre los derechos de la clase trabajadora como si fueran baratijas de un zoco magrebí.

“La marca España” también hace posible que ejerza como presidente de los empresarios un tipo que desconoce por completo la realidad laboral en la que vive inmersa buena parte de la ciudadanía. Si la conociera, sabría por ejemplo que muchos “padres y abuelos” mayores de 45 años están teniendo que aceptar subempleos de miseria con salarios de mierda, ante la alternativa de permanecer en el paro sin subsidio de forma indefinida. Sabría también que mientras las patronales de otros países buscan aprovechar la creciente cualificación de la mano de obra de sus jóvenes compatriotas, en España muchos “hijos y nietos” deben abandonar el país, huyendo de la cicatería laboral y salarial de los caciques nacionales.

El nivel de cinismo de Juan Rosell llegó incluso a rebasar el límite de lo tolerable cuando afirmó que el empleo que actualmente se crea en España “no es empleo a tiempo completo, es verdad que no es indefinido, pero las cosas son como son y no se hacen de un día para otro”. Miente el buhonero cuando dice que “las cosas son como son” ya que, en temas socioeconómicos, las cosas son siempre como las hacemos los seres humanos. De hecho, en este caso concreto, las cosas son como las han hecho las últimas reformas laborales de Rodríguez Zapatero y de Rajoy, ambas dictadas al legislador por la gran patronal de nuestro país con el único propósito de crear las condiciones adecuadas para poder competir a la baja con los paraísos asiáticos de la semiesclavitud laboral.

En este sentido, lo que sí debemos agradecer a Juan Rosell por su discurso de ayer es que explicase con total claridad el fundamento del modo de producción capitalista: “repartir la miseria entre los trabajadores, repartir los dividendos entre los accionistas”.

 

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