Juan Rosell y la debilidad de la izquierda

18. mayo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Ante la inminencia de las elecciones generales, y con el más que seguro triunfo del neoliberalismo económico, el jefe de la patronal española ha incrementado durante los últimos días sus apariciones públicas, cual arcángel enviado para anunciar la buena nueva.

Si la semana pasada denunciábamos en este mismo espacio su sadismo al proponer reformas legislativas “de las que duelen” a los demás (y más concretamente, a la clase trabajadora), ayer mismo Juan Rosell se dedicó a leer un discurso con graves incorrecciones sintácticas (p. ej. “van a haber muchas sorpresas”), en el que dijo literalmente que “el empleo fijo y seguro, aquel que teníamos y que es un concepto del siglo XIX en el XXI, habrá que ganárselo todos los días”.

Así pues, frente al discurso político-empresarial oficial, en el que los monaguillos del dios Mercado hablan de su empeño por crear empleo indefinido, como garantía estabilidad económica para el país, ayer Juan Rosell destapó la cruel verdad que nos espera: “un día, trabajador o trabajadora, estarás contratado durante tres horas en la cocina de una pizzería; al día siguiente, trabajarás seis horas como camarero o camarera de una hamburguesería; luego vendrán tres días sin trabajo; después, un contrato de dos semanas en un chiringuito de la playa; y finalmente, seis semanas en el paro, periodo durante el cual los mecanismos de propaganda ideológica del sistema te echarán la culpa de tu propio fracaso”.

Es de suponer que la CEOE ya está encargando una placa para la fachada de su sede, con el lema “El trabajo os hará libres”.

Sin embargo, a pesar de lo que pueda parecer, Juan Rosell no es el único culpable de las bravuconadas económicas que pronuncia en nombre de los empresarios españoles, ya que la debilidad de la izquierda (con Hollande y Tsipras impulsando reformas neoliberales) es el hilo conductor que posibilita la propagación de estos delirios plutocráticos.

Hoy, por ejemplo, los principales líderes de la izquierda política, sindical y social de nuestro país deberían haber convocado una rueda de prensa para trasladar a la sociedad una idea muy clara: “la tranquilidad domiciliaria de los grandes empresarios es un concepto de la segunda mitad del siglo XX”. Basta repasar la historia reciente para recordar que el Estado del Bienestar es un pacto entre las clases sociales, en virtud del cual los trabajadores ofrecen paz social a cambio de una sustancial mejora en sus condiciones de vida. Si una de las partes incumple su compromiso, en pura lógica, nada obliga a la otra a seguir respetando el suyo.

Pero esa rueda de prensa no se ha convocado hoy, y las posibilidades de que se convoque durante los próximos días son tan nulas como los conocimientos lingüísticos de Juan Rosell.

 

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