La “adaptación” de Lambán

22. junio 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En política, cuando alguien apuesta fuerte y luego pierde de manera clamorosa, lo más digno es que se vaya a su casa, o en el caso de España, que traspase una de esas puertas giratorias colocadas por los poderes económicos para quienes han sido “buenos” con ellos durante su periodo de actividad institucional.

La otra opción, menos digna pero igualmente remunerada, es la de jurar fidelidad eterna al vencedor de la apuesta, con la esperanza de mantener el puesto. “Adaptación”, lo llaman algunos, aunque la gente en la calle suele denominarlo “cambio de chaqueta”.

Ayer asistimos a uno de estos tristes episodios cuando el secretario general del PSOE de Aragón, Javier Lambán, uno de los principales apoyos de Susana Díaz en las primarias del PSOE, aseguró estar dispuesto a marchar francamente, y él el primero, por la senda de Pedro Sánchez.

No es de extrañar esta actitud en un tipo como Javier Lambán, que defendió con la misma vehemencia la candidatura de Pedro Sánchez a las primarias de 2014, el “No es No” a Rajoy, el “Abstención es Abstención” a Rajoy, o la candidatura de Susana Díaz a las primarias de 2017.

Al fin y al cabo, estas maniobras son normales en personas que llevan más de treinta años viviendo de la política, mientras de cara a la galería aseguran que la política no debe ser una profesión, sino una actividad a la que dedicarse durante un tiempo, por pura vocación de servicio a la ciudadanía.

Pero la realidad es bien distinta: en la política se vive muy bien. Es una actividad laboral mucho menos penosa que estar subido en un andamio, o que dar clases de secundaria en un aula llena de rebeldes adolescentes; y además, para ejercerla no se exigen grandes capacidades intelectuales ni tampoco sólidos compromisos éticos, como podemos comprobar. Para continuar en la poltrona, basta con acreditar fidelidad perruna al líder y obediencia ciega al aparato del partido.

En esta clave hay que entender la repentina conversión de Lambán al sanchismo, máxime teniendo en cuenta que el líder del PSOE aragonés preside en estos momentos un Gobierno de Aragón plagado, en sus diversos niveles, de viejas glorias “socialistas” a las que les importan un bledo sus pactos presupuestarios, la precariedad laboral de los trabajadores de sus subcontratas, o la conversión de las empresas públicas en inmensos coladeros para la contratación a dedo de los más mediocres.

 

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