La asquerosa hipocresía occidental

5. enero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Imaginemos que Venezuela es una dictadura feudal en la que nunca se han celebrado elecciones. Imaginemos que el líder supremo de ese país detiene a cientos de disidentes para perpetuar su poder. Imaginemos que, después de un juicio sin pruebas ni garantías legales, 47 de ellos son condenados a muerte por terrorismo y ejecutados poco después. Imaginemos que uno de ellos se llama Leopoldo López, y para acabar, imaginemos la reacción de EEUU, de la Unión Europea, de la ONU, de la OTAN, del Gobierno español y de la caverna mediática de nuestro país, ante este crimen colectivo.

Pues bien, el pasado sábado los sátrapas de la dictadura feudal saudí ejecutaron a 47 disidentes, tras haberlos condenado a muerte por terrorismo en un juicio sin pruebas ni garantías legales. Y Occidente ha callado.

Las democracias occidentales están enfermas de hipocresía; y lo están porque quienes las gestionan piensan que es mucho más importante firmar un buen acuerdo económico que defender los Derechos Humanos.

Entre 2003 y 2014, por ejemplo, España ha exportado armas a Arabia Saudí por valor de 725 millones de euros. Ni los gobiernos socialistas ni los gobiernos populares que gestionaron nuestro país durante ese periodo encontraron nunca una sola razón para vetar la exportación de armas españolas a una dictadura teocrática y medieval que incumple sistemáticamente los convenios internacionales en materia de Derechos Humanos.

Es la hipocresía de unos gobernantes occidentales, que se golpean el pecho por las libertades, los Derechos Humanos y la democracia, pero que en realidad son devotos practicantes del “hijoputismo selectivo”, una doctrina política que expresó el secretario de Estado norteamericano Cordell Hull, cuando se refirió al dictador nicaragüense Anastasio Somoza padre en estos términos: Puede que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Israel, el otro gran gendarme de los Estados Unidos en Oriente Medio, también fue noticia ayer por un asunto relacionado con los Derechos Humanos, al conocerse la dimisión del Relator Especial de la ONU sobre la Situación de los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, Makarim Wibisono, después de que el gobierno israelí le haya prohibido el acceso a Cisjordania y Gaza durante los 18 meses que ha durado su mandato. Y Occidente vuelve a callar.

Aunque nuestros gobernantes no lo crean, esta tolerancia occidental ante las actitudes dictatoriales de algunos países “amigos” socava nuestros valores democráticos mucho más que un atentado terrorista en el centro de París. Si Occidente no es capaz de garantizar que sus propios aliados respetan la libertad, la democracia y los Derechos Humanos, estos conceptos se devalúan hasta la inutilidad.

La bestia parda del fascismo ya propaga su hedor por tierras francesas y alemanas. Quizá algunos estén pensando que es más lucrativo dejarla crecer para luego combartirla con las armas que ellos mismos ponen en el mercado. Son los verdaderos terroristas, y llevan guantes blancos y corbatas de seda.

 

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