La bajeza moral de Gustavo Alcalde

24. febrero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Teniendo en cuenta su enfermizo apego al cargo, el gobierno de Rajoy tuvo la oportunidad de destituir a Gustavo Alcalde como delegado del Gobierno en Aragón cuando un jefe policial bajo su mando vapuleó a un edil de IU en el Ayuntamiento de Zaragoza, tras espetarle literalmente que “se pasaba el acta de concejal por el forro”.

El gobierno de Rajoy pudo destituir a Gustavo Alcalde cuando los antidisturbios de la Guardia Civil bajo su mando protagonizaron una violenta carga contra los vecinos de Artieda, mientras éstos ejercían su derecho constitucional a manifestarse contra las expropiaciones necesarias para la ampliación del pantano de Yesa.

El gobierno de Rajoy pudo destituir a Gustavo Alcalde cuando las fuerzas policiales bajo su mando detuvieron arbitrariamente a un maestro perteneciente al colectivo Marea Verde, por protestar contra los recortes educativos en el interior de un edificio de titularidad pública.

El gobierno de Rajoy pudo destituir a Gustavo Alcalde cuando el Tribunal Superior de Justicia de Aragón falló contra su arbitraria decisión de prohibir el paso de una manifestación por una céntrica calle zaragozana, por el simple hecho de que en ella residía su amiga y correligionaria Dolores Serrat, que en aquel momento ejercía como consejera de Educación del Gobierno de Aragón.

El gobierno de Rajoy pudo destituir a Gustavo Alcalde cuando su sospechosa y permisiva actitud hacia los eventos neonazis provocó una batalla campal en el zaragozano barrio de Las Fuentes, con el resultado de trece detenidos y cinco agentes de policía heridos de diversa consideración.

Pero el gobierno de Rajoy desaprovechó todas estas oportunidades, lo que ha permitido a Gustavo Alcalde realizar las siguientes declaraciones, a propósito del primer asesinato machista de 2016 en Aragón: “Lo lógico en estos casos es que si la mujer hubiese detectado que él podía venir a Zaragoza lo hubiera comunicado a la Policía para poner un mecanismo de protección y evitar ese acercamiento a menos de 500 metros”.

No es preciso explicar la bajeza moral de quien, no sólo se muestra negligente a la hora de proteger a una víctima del terrorismo machista que sí había denunciado su situación, sino que además, culpa a la propia víctima del trágico desenlace sufrido.

El gobierno de Rajoy tampoco ha destituido hoy a Gustavo Alcalde, lo que vuelve a demostrar que en el código ideológico del PP hay tratamientos distintos para las víctimas del terrorismo etarra, para las víctimas del terrorismo franquista y para las víctimas del terrorismo machista.

 

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