La caradura de una empresa llamada Real Zaragoza

7. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El catecismo de los neoliberales enseña que las grandes empresas deben ser rescatadas con dinero público, incluso en el supuesto de que la ineptitud de sus administradores las conduzcan a la ruina. También entran en esta categoría todas aquellas empresas que, no siendo grandes, gestionan las emociones de una parte de la ciudadanía.

Quizá esa sea la razón por la que ayer el presidente de la empresa Real Zaragoza SAD, Christian Lapetra, compareciera ante los medios para decir que los males económicos de la entidad que gestiona, se solucionarían con la construcción de “una nueva Romareda”.

Hace falta tener mucha caradura para pedir algo a las instituciones públicas, después del bochornoso espectáculo que los directivos, el cuerpo técnico y los jugadores de esta empresa deportiva han ofrecido a sus aficionados a lo largo de la temporada.

El desastre de Palamós, perfectamente relatado por nuestro compañero Juan Antonio Pérez-Bello, no es más que la conclusión lógica de un naufragio anunciado. Sus máximos responsables son unos propietarios conectados familiarmente con el más rancio caciquismo aragonés que, además de no invertir todo lo necesario en la empresa que adquirieron, han sembrado su gestión de continuas decisiones erróneas.

Cualquier comparación entre lo que han hecho esta temporada el Real Zaragoza y otros equipos de 2ª división con presupuestos y masas sociales menores, resultaría vergonzosa.

Afortunadamente, el alcade de la capital aragonesa dio ayer la respuesta adecuada al portavoz de la pedigüeña directiva zaragocista: el dinero público está para “rescatar situaciones de auténtica emergencia social”. Los fracasos empresariales provocados por caciques incompetentes y jugadores perezosos, es otra cosa muy diferente.

 

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