La ciudad que debía quererse a sí misma

14. septiembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Quizá mucha gente no lo recuerde, pero hoy 14 de septiembre de 2012 se cumplen cuatro años de la clausura de Expo Zaragoza 2008. Aquel día culminaban tres meses que, por un lado sirvieron para modernizar y para hacer más habitable la capital aragonesa, y por otro para convencer a sus habitantes de lo que son capaces de hacer cuando se fijan un objetivo común.

La muestra internacional duró 93 días, pero su legado pervivirá en el tiempo, del mismo modo que ha pervivido el que dejó la Exposición Hispano–Francesa celebrada en 1908 en Zaragoza. En este sentido, y a pesar de que la fase post–Expo comenzó el mismo día en que quebró Lehman Brothers, la nueva Zaragoza posee unas potencialidades que no siempre han sido bien calibradas por los principales poderes políticos y económicos de esta comunidad autónoma.

Este desánimo institucional ha contagiado a una parte de la población, que ahora abomina de aquello que hace cuatro años le maravillaba.

Ha llegado el momento de pasar la página del pesimismo y de reivindicar el conjunto arquitectónico y artístico que la Expo 2008 dejó en Zaragoza como un activo inmenso e inexplorado de cara a la proyección turística de la capital aragonesa.

Es hora de exigir a Ibercaja y a CAI que cumplan sus compromisos relativos a la reapertura y gestión del Pabellón Puente y de la Torre del Agua, respectivamente, o bien de reclamarles que renuncien a los mismos y permitan que otras entidades públicas o privadas les den vida para incorporarlos a la oferta turística de Zaragoza.

Lo mismo cabría decir de Aramón respecto a la Telecabina, de la Administración General del Estado respecto al Pabellón de España, o del Ejecutivo autonómico respecto al Pabellón de Aragón.

Es hora de que los zaragozanos y los aragoneses nos arranquemos de una vez y para siempre ese complejo de inferioridad que nos atenaza desde la noche de los tiempos, y comencemos a valorar lo que tenemos en nuestra tierra, ya que si estos mismos conjuntos arquitectónicos y artísticos estuvieran ubicados en otras latitudes, no tendríamos el menor inconveniente en viajar hasta allí para deleitarnos con su contemplación.

Es hora de que la maravillosa escultura “Splash!” vuelva al interior de la Torre del Agua, de donde sólo pudo arrancarla la estulticia de ciertos directivos de CAI que, afortunadamente para Aragón, ya no ocupan los puestos que ocupaban a finales de 2009.

Y es hora también de que Zaragoza empiece a quererse a sí misma y conmemore cada año lo que fue, sin duda, el mayor evento pacífico de la historia de la ciudad. La muestra “Materiales para la Memoria de Expo 2008” que se está celebrando desde el 14 de junio en el Centro Ambiental del Ebro bajo el impulso del Ayuntamiento de Zaragoza, de la sociedad Zaragoza Expo Empresarial y de la Asociación por el Legado de Expo Zaragoza 2008 (y que esta misma tarde vivirá una jornada especial), es un magnífico punto de partida.

Pero en 2013, el quinto aniversario tiene que ir más allá. La exposición temporal de los materiales catalogados tiene que ubicarse en el propio recinto Expo, y fuera –en la Rotonda de las Banderas– tienen que ondear los pabellones de los 108 países participantes, al menos durante los 93 días de cada año que van desde el 14 de junio hasta el 14 de septiembre. Y para entonces tienen que estar ya plenamente operativas y abiertas al público las grandes construcciones que Expo Zaragoza dejó en la ciudad. Y sobre todo, el quinto aniversario debe ser capaz de recuperar el gran consenso institucional y social que fue capaz de cambiar para siempre a la capital aragonesa, así como la autoestima de una población que consiguió convertir un proyecto imposible en todo un éxito internacional.

 

Tags: , , , , , , , , , ,

Comentarios cerrados